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la fundación es una organización sin fines de lucro que se propone contribuir al mejoramiento de la la vida de las personas, organizaciones y comunidades

Como organización forma parte de una Red Internacional que reúne personas y grupos de Francia, Alemania, Suiza, España, Brasil, Colombia, que promueve la Economía Solidaria, el Desarrollo Social Local, la Salud Comunitaria, el abordaje colaborativo de los conflictos, los Diálogos Públicos y las formas creativas de abordar los desencuentros humanos

Podrán visualizar más en detalle algunas de estas dimensiones en nuestro site: www.moiru.com.ar

mayo 28, 2010

La fuente de energía que vino del mar lanacion.com

Las centrales hidroeléctricas constituyen nuestra mayor fuente de energía renovable en la actualidad. Estas pueden considerarse indirectamente centrales solares, dado que gracias a la energía del sol, el agua se evapora de los océanos y fluye por los ríos haciendo girar las gigantescas turbinas. Lamentablemente, la construcción del infraestructura provoca en ocasiones un impacto negativo sobre los ecosistemas que los rodean.

Afortunadamente existen varios emprendimientos que intentan aprovechar la corriente de ríos y mareas de manera sustancialmente menos invasiva para el ecosistema mediante dispositivos que se colocan en los lechos de ríos u océanos para aprovechar el movimiento del agua. Nos concentraremos en tres sistemas: el Free Flow Kinetic Hydropower, el Seagen y la UTG.

Verdant Power , una empresa de origen norteamericana y canadiense diseña y comercializa unas turbinas similares a los molinos de viento modernos con la diferencia que estas se colocan debajo del agua en el lecho de ríos u oceanos. El equipo es invisible desde la superficie, no hace ruido, y se coloca en lugares que no interfieren con la navegación. Su diseño permite orientarlas de manera precisa a la dirección de la corriente, al igual que un molino de viento tradicional.

El sistema de Verdant Power, llamado Free Flow Kinetic Hydropower System, utiliza turbinas horizontales de tres palas. Ya se han instalado 6 turbinas de cuarta generación en la ciudad de Nueva York donde aprovechan la corriente del East River. Esta matriz, tras 9000 horas de funcionamiento, proporcionó a la red 70MWh de energía. Según Verdant Power, el mantenimiento requerido por este sistema es mínimo, aunque cabe destacar que por su ubicación subacuática, parecería ser delicado y costoso.

Marine Current Turbines utiliza un enfoque distinto. Su unidad llamada Seagen también se ubica sobre el lecho de un río o mar, aunque su torre sobresale de la superficie del agua. En el año 2008, se instaló una unidad que genera 1,2MW de energía limpia en Strangford Lough, en el Reino Unido. Hasta el presente, ha generado 3800 MWh por año, representando un ahorro de emisiones de 1695 toneladas de CO2 dada la matriz energética del Reino Unido. Los dos rotores tienen un diámetro de 16m y una velocidad nominal de 14,3 rpm. La velocidad media de la corriente en el lugar es de 3,7 m/s y la máxima de 4,8 m/s.

La fuente de energía que vino del marEsquema de la turbina de Verdant Power Foto: Gentileza Verdant Power

A su vez, Ocean Renewable Power Company (ORPC) construyó un sistema basado en un diseño helicoidal que permite aprovechar las mareas o la corriente de un río siempre y cuando estas excedan una velocidad de 1,8 nudos (3,3 km/h). Cada sección de la turbina está compuesta por cuatro cuchillas helicoidales fabricadas en materiales especiales, resistentes a la corrosión provovada por el agua salada. El sistema está diseñado para funcionar con corrientes de ambos lados, cualidad importante para lograr el aprovechamiento de mareas oceánicas. Otra gran ventaja es que estas se acuestan sobre el lecho y su mínima altura logra con una interferencia cuasi despreciable para la navegación. Al no tener engranajes, no requiere lubricación y no generan ningún tipo de contaminación al agua.

Estos tres sistemas funcionan con los mismos principios que una turbina de viento: las aspas giran y alimentan un generador. Una gran ventaja de instalar estas turbinas debajo del agua es que esta ultima es 800 veces más densa que el aire permitiendo conseguir altas potencias con corrientes de baja velocidad. La electricidad que generan proviene de una fuente renovable y limpia, instalandolse en grupos o matrices de manera a crear sistemas escalables de generación a medida que los requerimientos energéticos crecen.

La fuente de energía que vino del marTurbinas de Verdant Power transportadas para su instalación en Nueva York Foto: Gentileza Verdant Power

Las tres empresas se jactan que estos sistemas no interfieren con la vida marina dado en parte por las bajas velocidades de rotación. Sin duda éstos parecen ser menos invasivos para los ecosistemas que las gigantescas represas existentes y pueden llegar a ser una solución ideal para alimentar de electricidad a pueblos a orillas de ríos, o en zonas con fuertes mareas.

Sin embargo, cabe destacar que la cantidad de unidades requeridas para alimentar ciudades enteras abarcaría una superficie extremadamente amplia. Si bien su mantenimiento no parece muy simple, las pocas obras de ingeniería necesarias para su instalación son muy alentadoras. Nuestro territorio parece a primera vista ideal para este tipo de tecnología dada la gran cantidad de ríos y agua que nos rodean. Me es cada vez más dificil entender porque preferimos construir una central que queme carbón como la que está planeada en Río Turbio.

Rodrigo Herrera Vegas es co-fundador de sustentator.org



mayo 21, 2010

Crearon vida artificial en base al control del genoma de una célula

21-05-2010 | Información Gral

Científicos estadounidenses anunciaron ayer un paso relevante en las investigaciones en busca de crear vida artificial. Han producido una célula viviente, con base en ADN creado por el hombre.

Crearon vida artificial en base al control del genoma de una célula

Científicos estadounidenses anunciaron ayer un paso relevante en las investigaciones en busca de crear vida artificial. Han producido una célula viviente, con base en ADN creado por el hombre.

Aunque semejante trabajo podría evocar imágenes de manipulación científica similar a la de Frankenstein, también está generando esperanzas de que pueda usarse algún día para producir nuevos combustibles, idear mejores formas de limpiar las aguas contaminadas y ofrecer vacunas más rápidamente.

Y, ¿realmente es una forma de vida artificial?

Los inventores la llaman la primera célula sintética del mundo, aunque este paso inicial es más una recreación de vida ya existente: convertir un tipo sencillo de bacteria en otra. No se trata por lo tanto de una vida desarrollada en su totalidad a partir de cero.

Pero Craig Venter, pionero del mapa del genoma, dijo que el proyecto de su equipo prepara el terreno para la meta principal a largo plazo, mucho más difícil de alcanzar: diseñar organismos que funcionen en forma diferente a la que pretendía la naturaleza, para utilizarlos en una amplia gama de usos. Venter ya está trabajando con la petrolera ExxonMobil con la esperanza de transformar algas en combustible.

“Esta es la primera especie capaz de reproducirse por sí sola que hemos tenido en el planeta, cuyo padre es una computadora”, dijo Venter.

Y el informe, que será publicado hoy en la revista Science, está generando emoción en este campo de la biología sintética, cuyo desarrollo está creciendo.

“Lo hemos esperado mucho tiempo, y valió la pena”, dijo el doctor George Church, profesor de genética de la Facultad de Medicina de Harvard. “Es un hito que tiene aplicaciones prácticas potenciales”.

Durante años, los científicos han trasladado genes individuales e incluso trozos grandes de ácido desoxirribonucleico (ADN) de una especie a otra.

Pero el equipo del Instituto Craig Venter buscó ir más allá. Hace unos años, los investigadores trasplantaron todo el genoma natural −el código genético− de una bacteria a otra y observaron cómo se transformaba esta última, convirtiendo así a un germen que afecta a las cabras en otro que afecta al ganado. Luego, los investigadores construyeron totalmente el genoma de otra bacteria más pequeña, utilizando fragmentos de ADN fabricados en el laboratorio, de acuerdo con un formato estándar.

El informe de hoy combina esos dos logros para poner a prueba una gran pregunta: ¿podría el ADN sintético realmente asumir el control y ser la fuerza impulsora de una célula viviente? De alguna forma, lo hizo.

Le cambia el software. “Esto está transformando totalmente la vida de una especie para convertirla en otra al cambiarle el software”, dijo Venter, utilizando una analogía con las computadoras para explicar el papel que desempeña el ADN.

Otros miembros de su equipo investigador dijeron posteriormente que sólo dieron “pasos de bebé” hacia la meta de comenzar con un organismo de archivo digital y hecho a la medida.

Venter dijo que le gustaría intentar crear bacterias para producir combustible, para diseñar un alga que pueda aspirar el dióxido de carbono de la atmósfera y para usarlo en la fabricación de mejores vacunas. “Esto se convierte en una herramienta muy poderosa para intentar diseñar lo que queremos que haga la biología”, explicó Craig Venter. (AP y Reuters)

Armas biológicas

Los científicos esperan usar esta versión sintetizada de una bacteria para crear microorganismos a la medida. Pero algunos grupos están preocupados porque la tecnología pueda ser usada para fabricar armas biológicas, y el presidente estadounidense, Barack Obama, pidió a sus asesores bioéticos un reporte sobre las posibles consecuencias. La Comisión de Energía y Comercio de la Cámara baja de EEUU agendó una audiencia la próxima semana para discutir sus implicaciones.



mayo 01, 2010

bondad o bldez?

En la misma línea en la que a tantos argentinos nos parece que abogar por el respeto de las instituciones es cosa de afrancesados, el ser buena persona es una caracterización que resulta poco seductora. ¿Quién quiere ser una buena persona? Sobre todo cuando joven, uno quiere muchas otras cosas antes que esa: prefiere ser exitoso, fuerte, inteligente, poderoso, famoso, tener talento y/o belleza, pero, ¿hay cosa menos atractiva que ser bueno?

La versión clásica de la buena persona es responsable de algunas de estas asociaciones negativas. Para la moral convencional, el bueno es el que renuncia a sí y se entrega. El que hace acciones desinteresadas, el que no se toma en cuenta. Por suerte, en nuestra época psicológicamente más esclarecida, entendemos mejor la vida y el movimiento de las personalidades, y sabemos que el desinterés de una persona por sí misma es una patología y no un valor moral. La buena persona es la que tiene entre sus intereses algo que la liga a otros de una manera profunda y directa, es decir, no quien renuncia a sí, sino la que encuentra en su interés (en su satisfacción y su contento) incluida la plenitud del otro. La quiere, la necesita, le gusta.

Por eso, una mirada más atenta reconoce en el ser bueno más que una prueba de debilidad un perfil básico y superior. Es el piso de toda vida íntima feliz (¿acaso hay mayor felicidad que el encuentro con otros?) y a la vez el sustento de la sociedad lograda. Ser buena persona es la demostración de la mayor fuerza: uno está bien en sí mismo y proyecta su fuerza en el deseo de ver crecer a los demás.

¿Qué es ser buena persona? Desear el desarrollo. Por mero amor de lo que es, por cuidado y aceptación, por regocijo existencial. No es que el bueno quiera que las cosas crezcan, porque sí. El bueno siente amor, tiene habilitada en su sensibilidad la experiencia del amor, dirige ese amor hacia las cosas y las personas, y encuentra siempre procesos de crecimiento. Las personas no somos entidades definidas y estáticas, somos siempre procesos de crecimiento. Querer a alguien no es apretarlo fuerte, es favorecer su despliegue. Tampoco los proyectos son situaciones estables, logradas y permanentes: son procesos de movimiento, de cambio, y el cambio es siempre crecimiento. Sí, aun cuando en la línea del proceso esté nuestra muerte. En ese caso no será nuestro el crecimiento, pero la muerte implica siempre el crecimiento de otros. (No está mal pensar que las muertes bien queridas promueven crecimientos: dejan el lugar, establecen nuevas libertades, zanjan cuestiones y permiten seguir el viaje).

Tenemos que ajustar la mirada. Tenemos que dejar de pensar que el bueno es un imbécil que se deja pasar. El bueno es un poderoso que se da los mayores placeres de la existencia: el amor, el sexo que le va asociado (hay que aclararlo, para que no parezca que el bueno es célibe, según una tradición anticuada), el entusiasmo de estar en el mundo y recibir su luz, alguien que disfruta siendo y ayudando a ser, alguien enamorado de la evolución propia y ajena . El bueno es excitante porque su amor alienta el desarrollo y el desarrollo despierta y excita.

Y no se trata de un ideal, es una realidad posible. Pensar que ser bueno es un ideal es dejarlo para otro momento. Hacer de la bondad un ideal equivale a situarse en una filosofía escéptica, aquella que cree que el mundo es pérfido y la realidad exige una crudeza inflexible. La bondad es algo para nosotros, no para los santos. Ni siquiera habría que decir bondad. Es mejor sacar al tema del plano abstracto del bien y del mal, y llevarlo al más concreto y perceptible, el de las buenas o malas personas, hacerlo carne y modos de ser.

Y tampoco se trata de un deber, así no funciona. No se educa para el bien diciéndole a los chicos mil veces que deben ser buenos. De esa forma se los aburre y se pone en escena una impostura moral. Se plantea al ser buena persona como un recorte, cuando ella surge más bien de lo contrario, de la afirmación vital y la expansión propia. Para formar buenos hay que estimular la libertad, la confianza en el querer propio, el enganche de la aventura personal con las posibilidades de la existencia. Ser buena persona no es vivir decepcionado frente a un mundo cruel, es disfrutar de la existencia y contagiar ese disfrute cierto como una orientación permanente.

Libertad. La bondad falta cuando la libertad escasea: en las familias o instituciones cerradas se generan los monstruos, o en mundos humanos deshabitados, abandonados o carentes de calidez. Para generar buenas personas hace falta libertad e intimidad, no recriminaciones morales ni abstinencia alguna. Intimidad quiere decir que la persona en cuestión haya tenido cercanía extrema con alguien, que haya sido querido y tenga por eso habilitada la experiencia del mundo. La sensibilidad despierta con el amor, y el amor no es algo triste, es alegría y encuentro.

Además, el bueno no es bueno todo el tiempo, no vive en un mundo simple, no es modelo de conducta sino constante superación de contratiempos. Nuestra caracterización del bueno como simplón también está ligada con morales pobres y pobristas, que en vez de tener en cuenta las complejidades de la vida real piensa usando estampitas.

Y también es cierto que nadie es bueno o malo del todo, que todos somos, como le enseñamos a nuestros hijos, un poquito buenos y un poquito malos, que eso es ser una persona normal, integrada, ambivalente. Aun así, no es maniqueísmo captar el predominio, en las personalidades a las que describimos como buenas personas, del factor amoroso por sobre el desencantado. No es maniqueísmo creer que los buenos existen, y que hay otros que distan de serlo. Sí, claro que podríamos poner en duda la categoría de buena persona y relativizarlo todo, pero también podemos, más inteligentemente, hacer un acuerdo básico y sencillo, operativo, que nos permita (y ese es el objetivo de pensar estas cuestiones) ser más eficaces en la promoción de las buenas personas.

Que el que lo sea se sienta meritorio y no tarado. Que el que quiera identificar a las buenas personas tenga un ojo entrenado, trucos para lograrlo, entendiendo mejor de qué se trata. Que quien esté armando un equipo de trabajo reconozca este factor básico. Que quien vote este atento a este registro humano fundamental y ayude a que el país mejore.

El autor es escritor y filósofo. Autor del blog 100Volando.net

abril 22, 2010

defenza de los glaciares

Esta es la foto que aparece en el perfil de la organización ambientalista contra el establecimiento de una usina a base de carbón en la provincia de Santa Cruz. (Foto: Greenpeace)

Esta es la foto que aparece en el perfil de la organización ambientalista contra el establecimiento de una usina a base de carbón en la provincia de Santa Cruz. (Foto: Greenpeace)
La misiva “Carbón o Glaciares” de la organización por el medio ambiente Greenpeace contra la Central Térmica de Río Turbio, Santa Cruz, que el gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner impulsa para generar energía a base de carbón logró gran adhesión en la red social Facebook con más de 136 mil seguidores a favor del desarrollo de una alternativa limpia.
La plataforma cibernética es la nueva herramienta empleada por los ambientalistas para contrarrestar el avance de la usina termoeléctrica anunciada por el ex presidente Néstor Kirchner allá por 2004. Según los demandantes, la planta liberará a la atmósfera 4.975,2 toneladas de CO2 diarios -elemento gaseoso determinante en la descomposición del ozono y principal causante del calentamiento global- y provocará el derretimiento de los bloques de hielo que recubren el sur nacional, los principales reservorios de agua dulce argentinos.
“Defendé a los Glaciares. Decile No al carbón” que encabeza el perfil de Facebook se complementa con los más de 93 mil correos electrónicos enviados a la Presidente para que abandone el uso del combustible fósil como fuente de energía e impulse la energía eólica en Argentina.
“La usina de Río Turbio es el primer paso de un plan para comenzar a utilizar a gran escala el carbón como fuente de energía. Una total irracionalidad ambiental y económica que debemos evitar, ya que Argentina tiene muchas y mejores opciones para desarrollar en materia energética”, explicó Juan Carlos Villalonga, Director de Campañas de Greenpeace.
Sin embargo, esa mirada contrasta con la de la primera mandataria quien en marzo pasado, cuando se abrieron los sobres de la licitación para la obra de interconectado Pico Truncado-Río Turbio, manifestó que “nadie ama y defiende a los glaciares más que esta presidente”, a la vez que se dirigió a los reticentes al proyecto para “dejarlos tranquilos de que el medioambiente de Santa Cruz se va a cuidar”.
Esas palabras no mitigaron la fuerza de la organización que en el correo dirigido a Cristina le recuerdan sus obligaciones. “En relación a la cuestión climática, con frecuencia se repiten expresiones tales como que Argentina `no tiene compromisos´. Esa expresión es falsa, una gran equivocación. (…) Argentina, al ser parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (1992) asume compromisos de reducción (Artículo 4). Luego, al ser también parte del Protocolo de Kyoto (1997) ese compromiso se repite en su artículo 10. Es decir, nuestro país, como parte de esos acuerdos, debe formular políticas de mitigación”, manifestó.

dale una mano al planeta...

vea el video del greenpeace



Día de la tierra. Dale una mano al planeta. Greenpeace

abril 16, 2010

Las increíbles profesiones del futuro - lanacion.com-Viernes 16 de abril de 2010 |


Las increíbles profesiones del futuro---Redacción- BBC Mundo
Cirujanos de aumento de memoria, policías del clima, granjeros verticales, o pilotos, guías y arquitectos espaciales; ésas son algunas de las opciones en las que habrá que formarse si se quiere un trabajo dentro de 20 años
Se calcula que en 20 años el planeta tendrá más de 8.300 millones de personas, habrá que lidiar a diario con el cambio climático, y la escasez de agua corriente y de comida será uno de los rompecabezas más difíciles de solucionar para la comunidad internacional.
FastFuture consultó a más de 486 especialistas de entre 58 países distintos y procedentes de cinco continentes.
Partiendo de un ejercicio de intercambio de ideas acerca de una serie de tendencias en temas económicos, políticos, sociales, demográficos, medioambientales y científicos, se elaboró una lista que se dividía básicamente entre "trabajos que no existen todavía" (por ejemplo, policía del clima) y trabajos que ya existen pero que serán mucho más predominantes (nanomédicos).
Como muestra la selección de los 20 trabajos más importantes, ser experto en una sóla materia ya no tiene futuro. La combinación de cualificaciones y de habilidades en disciplinas diferentes es una de las tónicas.
El Top 20
* Fabricantes de partes del cuerpo. La medicina regenerativa ya está dando sus primeros pasos. En el futuro necesitará personas que combinen cualificaciones médicas, de robótica y de ingeniería.
* Nanomédicos. Permitirá una medicina mucho más personalizada, donde los fármacos se administran al lugar dónde se produce la enfermedad. Se necesitarán personas con formación en biomedicina, biotecnología, física o robótica que sean capaces de administrar los tratamientos en el pequeñísimo nivel subatómico de la "nanoescala".
* Farmagranjeros. Conocimientos farmacéuticos que permitan modificar genéticamente las plantas, de forma que los cultivos puedan producir más cantidad de alimentos con mayores cantidades terapéuticas y proteínas. Las posibilidades del futuro incluyen tomates que sirven como vacunas o leches terapéuticas.
* Especialistas médicos en la tercera edad. Quienes sepan cómo tratar a la tercera edad y prolongar su vida activa durante más tiempo tienen el futuro asegurado. No sólo en cuestiones médicas, sino también en temas como la salud mental, psicología o ejercicio físico natural.
* Cirujanos para el aumento de la memoria. Parece ser que en el futuro se podrá implantar un chip que haga las veces de disco duro del ordenador humano y almacenar allí todas las memorias que el ser humano no es capaz de retener. Serán necesarios cirujanos que sepan llevar a cabo la operación.
* Experto en ética científica. A medida que la tecnología y la ciencia se integran más en el día a día a través de la nanotecnología, la protoneomica (estudio de todas las proteínas del cuerpo humano) o la genómica, muchos más debates sobre el posible uso maléfico de las tecnologías coparán los debates sociales. Serán necesarias personas que conozcan todas las ciencias. El futuro no planteará tanto la cuestión de "¿Se puede hacer?" como la de "¿Está bien que se haga?".
* Arquitectos, pilotos o guías turísticos... espaciales. Se necesitarán pilotos capaces de dirigir las naves espaciales y diseñadores que permitan ajustar el espacio fuera del planeta Tierra.
* Granjeros verticales. El futuro de la producción agrícola es vertical. Cada vez se escucha más la idea de una ciudad contenida en un solo edificio, probablemente un rascacielos de pisos ilimitados, donde la comida se cultiva en las distintas plantas de un edificio. Es más económico y más ecológico.
* Especialista en reversión de cambio climático. Habrá cada vez más demanda de profesionales que sean capaces de revertir los efectos más devastadores del fenómeno: personas con capacidad de aplicar soluciones multidisciplinares, como construir paraguas gigantes para desviar los rayos del sol.
* Vigilantes de cuarentenas. Las amenazas incumplidas que trajo consigo la gripe porcina dan cuenta de la importancia de tener más profesionales capacitados para luchar contra las epidemias. Si un virus se esparce de forma fulminante habrá pocos países, enfermeras y personas preparadas.
* Policía del clima. Con cada vez más países tratando de "provocar" ciertos fenómenos meteorológicos, serán necesarias figuras que salvaguarden internacionalmente la cantidad de cohetes con yoduro de plata que se envían a la atmósfera.
* Abogados y profesores virtuales. Se espera que crezcan los conflictos sobre derechos de propiedad y descargas de internet, y la educación a distancia a través de la red.
* Ingeniero de vehículos alternativos. Coches eléctricos o de hidrógeno, pero quizá la posibilidad de los coches que vuelan o que van por debajo del agua también requieran de cualidades técnicas y profesionales formados en distintos ámbitos de la ingeniería.
* Periodistas de audiencias segmentadas. Se acabaron las audiencias globales y los programas dirigidos a millones de personas. El futuro está en la especialización y los periodistas se dirigirán a audiencias pequeñas.
* Desechador de datos personales. Personas especializadas se dedicarán a destruir los datos e información altamente sensibles que se deben desechar de forma segura para que no sean objeto de ciberataques.
* Organizadores de vidas electrónicas. La cantidad de información será tan desbordante que serán necesarios especialistas en organizar la vida electrónica: leer y archivar el correo electrónico, asegurar que la maraña ingente de datos estén ordenados de forma coherente, manejar tarjetas de crédito y e identificación electrónica.
* Inversor/agente de tiempo. El tiempo más que nunca será un valor en alza. Será necesario alguien que sepa administrarlo de forma efectiva y sacarle beneficio. Ya existen bancos de tiempo, de ahí a que existan inversores o brokers que lo comercien, sólo hay un paso.
* Agentes de redes sociales. Para que nadie se sienta excluido de las redes sociales se formarán personas dentro del ámbito de trabajo social, cuya función será facilitar la integración de los individuos en las redes.
* Gestores personales de marca. Ya vivimos en una sociedad obsesionada con las marcas. La del futuro enfatiza su necesidad creando una figura que se dedica a gestionarlas. ¿Qué personalidad proyectas en Facebook, Twitter y tu blog? ¿Qué valores personales quieres añadir a tu imagen? ¿Son consistentes con tu verdadero yo?


marzo 16, 2010

Apresan otra vez a un músico por frenar una fumigación

Un joven agricultor fue detenido por la policía cuando intentó evitar una fumigación con glifosato en la ribera del río Coronda, según confió a La Capital.
   “Defendemos la tierra y desde hace tiempo intentamos frenar las fumigaciones con glifosato. Por eso fui detenido la semana pasada, cuando la policía hizo un cordón para que un productor vecino terminara de fumigar un campo”, dijo Jeremías Chauque en diálogo telefónico con este diario.
   “La policía termina siendo seguridad privada de los empresarios”, resaltó el quintero y guitarrista, hijo del cantante y músico Rubén Patagonia. “Queríamos evitar la acción de envenenamiento a 10 metros de mi casa”, en Desvío Arijón, un pueblo de unas 2.500 personas ubicado sobre el río Coronda, 40 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Fe.
   “Lo importante es que con los vecinos evitamos la fumigación e hicimos una denuncia. Es un problema habitual en la zona, nadie nos defiende y estamos todos muy expuestos, a 150 metros de los cultivos de soja que son fumigados”, indicó Chauque a La Capital.

Historia repetida. “Ya el año pasado vivimos lo mismo y fuimos reprimidos tras cortar el paso de los «mosquitos» (máquina terrestre fumigadora) que vienen a campos cercanos. Nos organizamos con la gente del lugar. Ya en el pueblo cualquiera sabe de alguien que padece problemas de salud ligados al glifosato; eso está probado por estudios científicos”, remarcó. Hay mujeres que han tenido partos prematuros, y se registraron casos de nenas de 6 y 7 años que han menstruado”.
   “No nos queda otra alternativa que actuar. Las autoridades provinciales no se hacen responsables, es un tema político el tomar la decisión de frenar esas fumigaciones. Pero hay muchos empresarios que presionan y que no son del pueblo”, dijo el músico.
   Chauque dejó la patagónica Chubut hace 11 años en la búsqueda de un lugar donde trabajar la tierra y criar a sus hijos “con un compromiso —afirmó— con el ambiente. Cuando llegué acá había huertas y frutillares. Pero ahora la soja entró al pueblo. Cuando fumigan lo hacen sobre la escuela, el centro de salud y sobre todas las casas”.
   Explica que los empresarios “ni tienen un boleto que diga que hacen, no hay control. Pero sí nos vigilan a nosotros y tengo una causa penal por «invasión de la propiedad privada». Defiendo el derecho a vivir en el campo, con mis hijitos Neyen y Liwen”, de 5 y 2 años, respectivamente.

Cosmovisión. “Nuestra cosmovisión está ligada a la tierra, y los chicos deben pensarse desde la tierra. Tenemos huertas, animales y el derecho a defender nuestro modo de vida, pero resulta que el peligroso soy yo. Pero no voy a dejar que mis hijos se enfermen”, remarcó.
   “Muchos pobladores y organizaciones se mueven en el país. En Santa Fe hacemos correr un petitorio para que se modifique la ley actual de fitosanitarios sobre agrotóxicos”.
   “Como músico —expresó Chauque —, planteamos que al hablar del Bicentenario se debe ver qué país se construyó en 200 años. Nuestros abuelos nos enseñaron a respetar a la tierra; los mapuches vivieron y vivimos en equilibrio absoluto con la tierra. Pero ahora están desapareciendo los bosques naturales, cada minuto se tala un terreno equivalente a once canchas de fútbol. Cuando me fui a frenar la fumigación, mi hijo de cinco años abrió la otra puerta y me dijo que quería acompañarnos, ellos están aprendiendo a defender nuestra forma de vida”.



marzo 14, 2010

Heroína da Bayer :


Um frasco de heroína da Bayer. Entre 1890 a 1910 la heroína era divulgada como un substituto "sano" de la morfina y como remédio contra la tos para los niños.

Vino de coca :


El vino de coca de Metcalf era uno mas de una gran cantidad de vinos disponibles en el mercado, que contenian coca .
Todos afirmaban que tenian efectos medicinales, aunque
tambien eran consumidos por su valor "recreador" .

Vino Mariani :


El Vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo. El Papa Leon XIII cargaba un frasco de Vino Mariani consigo y premio a su creador, Angelo Mariani, com una medalla de oro.

Maltine :


Ese vino de coca fue hecho por la Maltine Manufacturing Company de Nova York. El dosage indicado dice:
"Una tasa llena junto con, o inmediatamente despues, de las refecciones. Niños en proporcion."

Pisapapel:

Un pisapapel promocional de la C.F. Boehringer & Soehne (Mannheim, Alemanha), "los mayores fabricantes del mundo de quinina y cocaína". Este fabricante tenia orgullo de su posicion de líder en el mercado de cocaína.

Glico-Heroína:


Propaganda de heroína de la Martin H. Smith Company, de Nova York. La heroína era ampliamente usada no solo como analgésico, sino tambiem como remédio contra el asma, tos y pneumonia.
Mezclar heroína con glicerina (ademas de azúcar y condimentos temperos) tornaba al opiáceo amargo mas agradable para la ingestion oral.


Ópio para asma:



Ese National Vaporizer Vapor-OL era indicado "Para el asma y otras afecciones espasmódicas".

El líquido volátil era colocado en una olla y calentado por una lampara de querosene.

Tableta de cocaína (1900)


Estas tabletas de cocaína eran "indispensábles para cantores, profesores y oradores".
Ellos tambiém calmaban el dolor de garganta y dabam un efecto "animador" para que estos profesionales alcansacen el máximo de su performance.


"Drops de Cocaína para Dolor de Diente - Cura instantanea":


Drops de cocaína para dolor de diente (1885) erniñosan populares para .

No solo acabava con el dolor, sino también mejoraba el "humor" de los usuários.

Ópio para bebês recém-nascidos:


Ud cree que son los males actuales y la perdida de valores ?
Antiguamente para calmar a los bebes recien-nacidos no era necesario mucho esfuerzo de los padres, sino .... opio!
Ese frasco de sedante de la Stickney and Poor era una mezcla de ópio y de alcohol que era distribuída del mismo modo que los condimentos por los cuales la empresa era conocida.
"Dosis - [Para niños con] cinco dias, 3 gotas.
Dos semanas, 8 gotas. Cinco años, 25 gotas. Adultos, una cuchara llena."
El producto era muy potente, y contenía 46% de alcohol.

marzo 11, 2010

Crónicas del Paraná III La expedición de artistas y científicos se detiene en San Pedro. La periodista de Crítica de la Argentina aprovecha para dialogar con el pintor Coco Bedoya.

Ya no somos exploradores de un río sino expedicionarios en busca de un barco. El buque Paraguay, que deberíamos haber abordado en San Pedro para continuar nuestra travesía por el Paraná, está ahí, a unos trescientos metros, amarrado en el puerto de Rosario. Y nosotros, del otro lado de la reja que nos separa de la explanada, como prisioneros sueltos, esperando que nos dejen zarpar. Sabemos que una de las dueñas del crucero se llama Yeny, sabemos que Yeny dijo que el barco había sido demorado en Formosa por unos problemitas burocráticos, ahora también sabemos que fue demorado acá por unos problemitas técnicos, pero que ya, ya están por solucionarse. Quizás tarden sólo un par de días.
El crucero Paraguay dejó la categoría de medio de transporte para pasar a la de objeto de deseo: le sacamos fotos, acercamos la cara al enrejado para verlo mejor, adivinamos la pileta sobre cubierta, comentamos cuán pintoresca es su estructura de madera con ventanitas que le dan aspecto de vecindario, y señalamos esa rueda gigante de adorno que lo hace tan Mississippi. Pienso en Herzog, en la tapa de su libro La conquista de lo inútil, en la foto del barco que el cineasta alemán remontó para emular la aventura de Fitzcarraldo, un irlandés delirante que para construir una ópera en el medio de la selva peruana trasladó un vapor a rueda a través de una colina. Y Herzog, que tiene la locura y el ego suficientes para imitar ese tipo de empresas, hizo un film. Pero también un diario de viaje en el que pareciera decirnos: “Muchachos, si quieren ser artistas, mojen las patitas en el lodo”.
Casualmente, cuatro miembros de la expedición cargan La conquista de lo inútil en sus mochilas y Mariano Llinás ya no sabe si asombrarse o padecerlo cuando se lo nombran: “¡Es increíble, ya sos la tercera persona en este viaje que me recomienda leer ese libro!”, le dice a Ana, la directora del documental de Señal Santa Fe y canal Encuentro. Pueden ser Herzog o el diario de Darwin (que sale y entra de la mochila del periodista Julián Gorodischer como un misal): autores perfectos para mimetizarse con el espíritu de aventura. Pero también están los otros, los que se sentaban junto al río con su cuadernito, su pipa, sus tiempos fluviales, y dejaban que la cuenca del Paraná les hablara. Juanele, Madariaga, Barrett, Conti, Saer, y tantos otros autores que forman parte de la biblioteca que subirá a bordo (cuando Yeny nos deje subir).
La cuenca artística del Paraná es tan productiva como variada: va desde las Odas de Lavardén hasta Armando Bo y sus lugareños sádicos en La tentación desnuda. ¿Por qué? ¿Qué tiene el río que todos quieren decir algo sobre él? Busco en mi cuaderno de apuntes, en el que figura “hablar con Mito” (el antropólogo recolector de sonidos) y encuentro un fragmento de un Alberdi exaltado que a orillas del Paraná escribió: “Yo no sé si este sentimiento es común, pero nunca he podido pararme en las orillas de un río sin sentirme poseído de no sé qué ternura vaga, mezclada de esperanzas, de recuerdos, de memorias confusas y dulces. Las playas de los ríos han sido siempre una musa, un germen de inspiraciones para mi alma”.
Como no queremos perder el espíritu naturalista ni la idea de que tenemos que valernos de la experiencia directa, comprobar las cosas in situ, con Coco Bedoya decidimos ir a la costa, a esa franja de transición en busca del “espíritu inspirador del Paraná” del que habla el ideólogo constitucional.
En la costanera es la hora del mate, cuando el sol ya no pega en la ciudad porque se mete directamente en el río. La melena plateada de Coco apenas se mueve. Todavía hace calor pero se lo nota distendido, cómodo, liberado por un rato de la valijita en la que carga un bastidor y herramientas para hacer sus serigrafías (y por la que sufre cuando la revolean sobre la cubierta de una lancha o la bodega de un micro). Coco es peruano, un poco argentino –vive en Buenos Aires desde hace más de veinte años–, y de naturaleza nómade: nació a orillas de un río en medio del Alto Amazonas peruano porque su padre era constructor de antenas de radio y cambiaban de destino cada dos años. De ahí que el agua, que entró en su vida de manera pura y salvaje, sea la gran protagonista de su obra en serigrafía, esa misma técnica que desarrolló con las mujeres de la cárcel de Ezeiza en el taller La Stampa y a quienes les hizo conocer a un pintor llamado Berni, nacido casualmente a orillas del Paraná.

¿Qué te inspira este río, Coco? “Para mí el río es el fluir, y eso tiene que ver con pensar la historia de la pintura, del arte, como un flujo constante”, reflexiona. Y convertido en la prueba de que el río motoriza la creatividad, empieza a poner en palabras todas esas ideas dispersas que se le amontonaron en la cabeza desde que lo invitaron a ser parte de la expedición Paraná Ra’angá: “Quiero hacer una gran figura que vaya desde Rosario hasta Asunción, eso: voy a poner los pies en esta ciudad y la cabeza en Asunción, y el río Paraná va a ser el cuerpo que los una. En estos días voy a pensar bien qué forma quiero darles… También quiero que armemos un mascarón de proa para el barco, ¿viste que no lo tiene? Podríamos inventarle uno todos... y me gustaría completar un trabajo que vengo haciendo desde hace unos años”.
En su valijita, me cuenta, carga láminas de oro para incorporarlas a su serie “El retorno de Juanito Laguna”, en la que la imagen de un hombre que saca un cuadro en blanco del fondo de un río se repite. “Quiero que esos cuadros en blanco se conviertan en láminas de oro porque el oro es lo que vinieron a buscar los exploradores y es lo único que no encontraron; hoy el oro vendría a ser la cultura”. Coco quiere seguir, animado por la corriente amarronada. Pero como compañero generoso de travesía, me cede el espacio para que yo compruebe si existe ese soplo inspirador o si Alberdi exageraba con exceso de romanticismo. Miro el río, las islas a unos metros, el cielo que se oscurece. Sí, hay algo que invade, que llena los pulmones, que me trae palabras que me sé de memoria: “Corría el río en mí con sus ramajes. Era yo un río en el anochecer, y suspiran en mí los árboles, y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. ¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”. Pero son versos de otro, son versos de Juanele. Quizás lo mío sea un naturalismo mediado: soy una recolectora de palabras, de lo que otros ven.

El sol está a punto de esconderse y Coco se queda mirando el horizonte recortado por las islas, algo abstraído: seguramente esté imaginando una nueva figura, unos pies con alas de pescado, una cabeza con el pelo revuelto. “Hay que pensar al río como una mancha de color, una mancha que pinta todo a su paso y que nadie puede borrar, aunque lo intenten”, dice y vuelve a fijar la vista en el agua. Y entonces vuelvo a Alberdi: quizás la contemplación desde la orilla a la que estamos obligados por ser expedicionarios sin barco sea el contrapunto necesario de la aventura creativa. De ser así, no la odio tanto a Yeny.
Continuará

marzo 10, 2010

futuro?

hace ya mucho tiempo la serie de peliculas "Mad Max" mostraba un mundo en el que el agua era el tesoro mas codiciado, hace poco el "Libro de Eli" ofrecia otra version del mismo tema.
Esas peliculas hablaban de un futuro Apocaliptico?
FUTURO?

Las grandes tempestades, las grandes sequias, los terremotos (cada vez mas potentes), los deshielos... son futuro?
Claro que esas cosas crean la sensacion de que son situaciones que estan lejanas a mi capacidad de reaccion.
Pero... y la contaminacion de las napas de donde se saca el agua para beber en muchos pueblos del interior de Santa Fe... es responsabilidad de quien?
quien acepta que se fumigue o se reigue con esos venenos quimicos?
quien mira las plantitas de soja creciendo mas fuertes, con mas porotos, con tanta proteccion que los bichos disparan de miedo?
quien mira a la plantita/platita y no ve lo que se le mete al suelo?
el Gobierno?
las companias transnacionales?
el vecino?
el ejemplo mas claro del futuro que se viene es....

El Riachuelo: ese agujero negro

En el sur de la ciudad de Buenos Aires, a la par del descontrol industrial y sanitario, el agua de la cuenca Matanza-Riachuelo fue perdiendo oxígeno hasta convertirse en una especie de monstruo. ¿Hay un futuro posible para uno de los diez lugares más contaminados del mundo?

Foto de Fernando Gutierrez.

Aunque no llueve, el agua burbujea. Son unos pequeños grumos que suben desde el fondo del río y explotan en la superficie como una especie de erupción, como un síntoma. Como si hubiera algún tipo de organismo respirando allá abajo. Hace un rato, cuando salimos de La Boca y la lancha empezó a dejar atrás Caminito, el río estaba alto por las lluvias de los últimos días y el agua del Riachuelo parecía la misma agua turbia del Río de la Plata, pero sólo al principio. De a poco empezaron a aparecer los matices, ciertas sombras, reflejos grasientos que se mezclan y ganan consistencia y el río que empieza a volverse más opaco y brilloso a la vez. Ahora, mientras el Riachuelo hace una curva bordeando los fondos de La Boca y esquivamos los restos en descomposición de barcos abandonados, basura que flota sin escándalo y camalotes que llegaron de quién sabe dónde, el agua sobre la que flotamos ya no es agua: es otra cosa, algo mucho peor.

Es agua porque es líquida, pero no es agua porque no tiene la composición molecular del agua, porque casi no tiene oxígeno. "Tienen que venir cuando está bajo, que se ve todo el fondo negro", dice Marcelo, el señor que nos lleva. Son las nueve de la mañana de un jueves y después de tres días de lluvia el cielo todavía es una amenaza. Esta es nuestra primera aproximación al Riachuelo: columna vertebral e intestino del tejido industrial de la provincia de Buenos Aires, que nace en algún lugar de Cañuelas y recorre 75 kilómetros atravesando la Salada, catorce de los municipios más pobres del Conurbano y el sur de la Capital hasta desembocar en el Río de la Plata, a la vista de todos los turistas que se bajan de los micros para sacarse fotos en Caminito. Mientras avanzamos río arriba, es como si estuviéramos entrando en una zona de desastre: un paisaje posnuclear y silencioso, como si hubiera habido una gran explosión, algo que todavía sangra a través de estas aguas lentas y pesadas.

Mientras las sirenas del primer mundo alertan por las catástrofes a las que nos está arrastrando el calentamiento global -un futuro cada vez más cercano- y muchos científicos pronostican el Apocalipsis en forma de sequías, inundaciones, escasez de comida y migraciones desesperadas, desde las costas del subdesarrollo, donde todo es más urgente, donde la gente se está enfermando y muriendo ahora mismo por causas ambientales, la preocupación por el cambio climático suena un poco a lujo burgués de los países ricos y aburridos de su riqueza, el nuevo fetiche de Hollywood para tematizar el fin del mundo, una ronda de negociación burocrática en la que países como Estados Unidos y China le buscan la vuelta a eso de volverse verdes sin dejar de ser rentables y no se la encuentran.

La agenda ambiental de Argentina tiene pendientes conflictos más urgentes y menos espectaculares, como la falta de cloacas y la contaminación de las napas de agua subterráneas, los basurales a cielo abierto, los desmontes para expandir la agricultura, la minería descontrolada, los efluentes cloacales desechados en los ríos y la pobreza. "De los grandes problemas reales de Argentina, el número 1 es las condiciones de vida en la pobreza, donde todo el ambiente contribuye a que se enfermen, a que tengan una expectativa de vida tremendamente menor y que los chicos estén con enfermedades desde el nacimiento, que son persistentes", apunta Marisa Arienza, de la ONG Green Cross.

Y la cuenca Matanza-Riachuelo, uno de los diez lugares más contaminados del mundo, es el punto más crítico de Argentina, porque involucra a la mayor cantidad de gente unas cinco millones de personas- y concentra buena parte de los problemas ambientales del país. Allí, el 55 por ciento de la población no tiene cloacas y un 35 por ciento no tiene agua potable, así que extrae el agua de las napas contaminadas por los pozos ciegos, es decir, toman sus propios desechos diluidos, es decir, su propia mierda. El impacto: un lento envenenamiento que, una vez que alguien llega a un hospital, cuesta diagnosticar como secuela ambiental. "Contraen enfermedades como meningitis, diarreas (que en chicos y ancianos se transforman en cuadros más graves, como gastroenteritis, que llevan muchísimas veces a la muerte) y una enormidad de problemas renales, que cuando se detectan ya suelen ser irreversibles, además de que necesitan de un sistema de salud de alta complejidad que nunca tienen", detalla Arienza. Según Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación, el 33 por ciento de la gente que vive en los alrededores del río sufre problemas gastrointestinales y el 26, afecciones respiratorias.

"No hay relación causa y efecto entre la contaminación y el organismo, pero en la situación en que viven, con la falta de estructura sanitaria, la mala nutrición, etcétera, la contaminación tiene más entrada en el organismo. Lógicamente, nadie te puede decir que hay una relación uno a uno entre la contaminación y ese tipo de patologías", reconoce Félix Cariboni, miembro de la unidad de campaña Matanza-Riachuelo de Greenpeace.

Dejamos atras las grandes moles de ladrillo de las fábricas de Dock Sud, containers apilados entre pastos crecidos, unos silos abandonados y el Puente Pueyrredón que de repente nos pasa por encima, el eco de los autos que van y vienen de capital a provincia. Un poco más adelante, cruzamos por al lado de una malla contenedora que intenta detener sin suerte kilos de basura flotante que se le están empezando a escapar lentamente, río abajo, mientras un barquito color verde, movido por unas paletas como la de los botecitos para enamorados de los lagos de Palermo, levanta bolsas de basura con una pala mecánica y las vuelca en tres containers que hay sobre la costa.

En 2006, después de que un grupo de vecinos de Dock Sud -que viven cercados entre el Riachuelo y los gases del Polo Petroquímico- presentaran una demanda por daño ambiental contra el Estado Nacional, la provincia de Buenos Aires, la Ciudad y 44 empresas, reclamando por los daños y perjuicios sufridos por culpa de la contaminación y exigiendo la recomposición del ambiente, se creó por ley la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACuMaR), que depende de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Hasta entonces, la jurisdicción sobre el Riachuelo era un complejo entramado de responsabilidades que recaían sobre intendentes del Conurbano, el gobierno provincial, la ciudad de Buenos Aires y la Nación, como para que alguno quisiera meterse. Además, para los intendentes de los municipios más afectados, las industrias son una parte central de su economía. Sólo el Polo Petroquímico de Dock Sud representa el 5 por ciento del PBI de toda la provincia.

Dos años después, la causa llegó a la Corte Suprema, que en 2008 dictó una sentencia colectiva sobre la ACuMaR, el Estado Nacional, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, exigiendo la mejoría de la calidad de vida de los habitantes de la cuenca y la recomposición del agua, el aire y los suelos. "Pero se viene haciendo poco y muy lento", asegura Cariboni. Hasta ahora, se removieron algunos bancos abandonados, se corrió un sector de La Salada que daba al río y terminaba llenándolo de basura, y hay unos botecitos verdes como el que pasamos recién, que casi da pena verlos, encargados de limpiar la basura que viene flotando antes de llegar a la desembocadura.

De pronto, después de pasar por debajo de otro puente, el paisaje industrial desaparece detrás de una vegetación frondosa que crece en la costa, sauces llorones cayendo en picada sobre el agua, plantas de hojas carnosas, algunas flores obstinadas y la espesura de la vegetación que se come todo el resto, como si nada de esto estuviera pasando acá, como si fuera un río en medio de la selva, sin fábricas ni ciudades alrededor. Hasta que del lado de la Capital, entre los árboles, empiezan a asomar los fondos de una villa sin nombre, sus últimas casillas, construidas casi sobre el río, algunos cuartos sostenidos por palos de madera que se hunden en el barro del Riachuelo y los ladrillos que se tuercen pero aguantan: la obstinación de algunos por seguir perteneciendo a algo parecido al sistema o sus alrededores, el esfuerzo por no caerse y ser arrastrados a un contaminadísimo río negro. Una mujer cuelga la ropa en el fondo de su casa, una barranca de basura que cae directo al río. En la casa de al lado tienen una pelopincho y, sobre una parecita que los separa del Riachuelo, unas plantas en unos tachos de pintura.

La idea era salir temprano, antes de que la gente de los alrededores del Riachuelo se despertara, pero la lluvia nos retrasó y ahora hay que ver hasta dónde llegamos. "Más adelante, cuando se despierta la gente, por donde está la villa 20, te tiran ladrillazos", cuenta el señor que nos lleva, mientras maniobra entre unos camalotes. Los que manejan estas lanchas por el Riachuelo suelen ir armados y responden los piedrazas a los tiros. "Te gritan: «¡Eh, no somos monos!», cuando les quieren sacar fotos", dice.

Y tienen razón, todo esto tiene algo de excursión turística, de safari camuflado de periodismo comprometido. Los más pobres son empujados a vivir en los últimos rincones de la ciudad, entre fábricas y basurales a cielo abierto, en condiciones miserables, y después nosotros nos asomamos, muy de cuando en cuando, en pequeños viajes asépticos e indoloros, a registrar cómo es que evoluciona todo esto, con un interés entre antropológico y turístico, con la pena remota del extranjero.

Esta es una historia de voracidad industrial, complicidades públicas y privadas, y una profunda indolencia, que ha dejado al descubierto como pocas las consecuencias que la inacción política puede tener en la vida diaria de los ciudadanos. Para los que vivimos en la ciudad, el Riachuelo es una indignación que dura dos o tres segundos mientras lo cruzamos por autopista o cuando vamos a ver alguna exposición en Proa y sentimos el olor.

La historia moderna del Riachuelo quedó inaugurada en 1993 cuando María Julia Alsogaray, por entonces secretaria de Medio Ambiente de Carlos Menem, prometió limpiar el Riachuelo en mil días. Sólo que los mil días de María Julia Alsogaray no fueron nada más que días: también fueron 250 millones de dólares de un crédito del BID que nunca se usaron para limpiar nada. "El crédito se usó sólo en una primera instancia para hacer diagnósticos e informes que eran necesarios y que, desgraciadamente, son los únicos con que ahora contamos, porque no hay nuevos", explica Cariboni. Es decir que lo que se sabe fue diagnosticado en los 90 y se presume que ahora todo esto es mucho peor.

Después del diagnóstico, el saneamiento quedó a la deriva. Ciento cincuenta millones de ese préstamo se redireccionaron al área de Desarrollo Social para tapar un agujero y la tercera parte del crédito se tuvo que devolver al BID por no haber ejecutado las obras. Como una imagen que sintetizó la conciencia ambiental de la época mejor que ninguna, ahí quedó para siempre la tapa de la revista Noticias en la que María Julia posaba vestida sólo con un tapado de piel. De nuevo: la secretaria de Medio Ambiente posando envuelta en un pellejo animal.

Ahora, sin embargo, los ambientalistas están entusiasmados. "Estamos mejor que en los 90, hoy hay una mayor conciencia ambiental. Ya se perdió ese paradigma de que contaminación es igual a progreso y -dados los movimientos ambientales en el Riachuelo- empieza a haber un cambio", afirma Cariboni. El abogado Andrés Nápoli, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), está de acuerdo: "La Corte fue tajante. Propone demandas de saneamiento y también multas por incumplimiento a funcionarios". Según los plazos estipulados por el fallo, la ACuMaR ya debería haber hecho una inspección de las empresas de la cuenca en treinta días y tendrían que haber cesado los "vertidos, emisiones y disposiciones de sustancias" a los 180 días.

Sin embargo, recién llevan inspeccionadas el 20 por ciento de las industrias. Para 2020, del lado de Provincia, debería haber un colector que recogiera todos los efluentes de las fábricas para llevarlos hasta una planta de tratamiento y de la margen de la Ciudad tendría que haber una obra parecida para la red cloacal. "Si vos evitás las descargas cloacales e industriales en el agua, el agua va a volver a tener oxígeno y va a volver a ser un río de verdad. Porque si evitás sólo los vertidos cloacales y no resolvés el tema industrial, ese río no va a tener mal olor, no va a ser negro, pero va a estar contaminado de metales pesados, que hay en todas las aguas, como plomo, cromo, mercurio, cadmio, sumamente tóxicos y que afectan a la población y a la fauna", explica Cariboni.

Desde el techo de la escuelita, la vista de la villa 20 es un paisaje arruinado y pujante al mismo tiempo. Crece para todos lados, por todos los rincones: en todos los techos hay vigas al aire, porque todas las casas tendrán, en cualquier momento, su piecita arriba, un cuarto más al fondo, un cerramiento donde ahora no hay, las chapas que serán cambiadas por concreto. Y todo levantado sobre una tierra que no es tierra. "Es goma vieja de camiones, ramas, escombros. Todo esto lo rellenamos nosotros, antes acá era una laguna", dice Alberto Scarazzolo, que tiene 38 años y la piel curtida de una vida revolviendo basura. Con su barba y el torso desnudo, parece una especie de Cristo cartonero.

Alberto tiene su casa frente a la escuelita, una construcción donde funciona un comedor y talleres de apoyo. Sobre la calle, hay una pila de cuatro metros de basura que todos los días se regenera. La villa 20 de Lugano es otro ángulo más de contaminación y exclusión en la Cuenca Matanza-Riachuelo, en el sur de la ciudad de Buenos Aires. Viven cerca de 50 mil personas en unas treinta manzanas, a las que se entra por un camino que bordea un cementerio de autos, el gran foco infeccioso de la zona. "Acá, el problema que tenemos es la pobreza y el paco. Después, por ahí la tierra y el cementerio de autos", comenta Alberto, poniendo en claro las prioridades de supervivencia. Dos veces por día sale a recorrer las calles de Liniers, Flores y Caballito con siete cartoneros más del barrio. De 7 de la mañana a 2 de la tarde y de 7 de la tarde a dos de la mañana. "Los días buenos, por ahí nos traemos mil kilos de cartón, que serán trescientos pesos a dividir entre siete". Mientras habla, ordena las bolsas que acaba de traer de su primer viaje del día y dos de sus hijos revolotean alrededor. Uno está descalzo y con los pies comidos por una especie de erupción en los empeines; el otro tiene unas crocs amarillas, el nuevo calzado villero.

A algunas cuadras de la escuelita, subiendo una cuesta que se enreda en callecitas cada vez más finas entre casitas atragantadas de rejas, está la cancha de fútbol del barrio, donde los fines de semana se instala la feria. Ahí, en una de las esquinas, funciona el centro de salud. "Atendemos cerca de trescientos chicos por semana", dice Miriam Boggi, una de las asistentes sociales que trabajan en la salita. Miriam es una mujer maciza y grandota, con el pelo atado con un rodete y esa elegancia práctica que tienen

para arreglarse las mujeres que realizan trabajos sociales. "La mayoría de los casos que atiende son por mordeduras de rata y enfermedades infecciosas de verano (diarreas, por ejemplo), o chicos anémicos por contaminación de plomo en la sangre. No está comprobado científicamente que viene del cementerio de autos, pero sólo porque nadie ha querido hacer los estudios que muestren que el suelo está contaminado. Sin embargo, en el año 2007, hicimos un estudio y, de cien chicos, veinticinco tenían contaminación por plomo", detalla.

En los alrededores del río hay 105 basurales a cielo abierto, alimentados por la ciudad de Buenos Aires, que contribuye al cuadro tóxico de la zona con más de 5.200 toneladas de basura que todos los días viajan desde el centro hasta el conurbano. La contaminación por plomo produce retardo en el crecimiento, anemia, malnutrición y problemas en el aprendizaje. Y aunque la tasa de mortalidad infantil de la Ciudad de Buenos Aires es una de las más bajas del país, hay matices bastante profundos: mientras que en Recoleta la tasa de mortalidad es de 6,4 por mil, en Villa Lugano es de 10,8 y, acercándose al Riachuelo, la cifra aumenta a un 14,3.

Si uno pudiera hacer un zoom out y convertir todo esto en una foto lejana y satelital del Google Earth para identificar los principales conflictos ambientales de Argentina, además de la cuenca Matanza-Riachuelo, los focos tóxicos más urgentes son la contaminación de los ríos, los desmontes en el Chaco y Misiones, los basurales, la minería y los glaciares. Desde el norte de Córdoba hasta Salta, Santiago del Estero y Chaco, el avance de la soja y la ganadería ha reducido en un 70 por ciento la superficie boscosa del país. "El 50 por ciento de las plantas y animales del país están concentrados en esas zonas, y la tala indiscriminada ha provocado que animales como el yaguareté y el tatú carreta estén en peligro de extinción", asegura Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace. Además, los desmontes han obligado a pueblos que vivían en los bosques a desplazarse y alteraron la geografía al punto de provocar inundaciones y aludes como el que en febrero de 2009 arrasó con Tartagal, en Salta, cubriendo las casas y las calles con más de un metro de barro, porque los bosques ya no estaban ahí para absorber el agua.

En cuanto a la contaminación de las mineras, según Pablo Herrera, director de Conservación de la Fundación Vida Silvestre, el gran problema es el descontrol con el que trabajan. "Las leyes actuales son insuficientes y las que hay ninguna empresa las cumple. Todas, por ejemplo, deberían sacar un seguro ambiental antes de empezar las excavaciones y ninguna lo hace", explica. Además, para volver todavía más turbio el asunto, el secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral, encargado de controlar el impacto ambiental de las explotaciones, tiene acciones en compañías mineras.

La pregunta, dentro de este cuadro de situación, es dónde entra la preocupación por el cambio climático, que además de la reconversión industrial implica el cuidado de los glaciares, cuyo derretimiento, aunque es un proceso natural, en los últimos años se ha acelerado peligrosamente, a la par del calentamiento global. La posición oficial de Argentina frente al conflicto, la que el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni, y el canciller Jorge Taiana expusieron en la fallida Cumbre de Copenhague, es que los países desarrollados -que se desarrollaron a partir de industrias que han colaborado sustancialmente con el aceleramiento del problema climático- tienen una deuda ambiental con los países del tercer mundo. "El 20 por ciento de los países son los responsables de haber generado el 80 por ciento de los gases de efecto invernadero. Por tal motivo, nuestro planteo ideológico es la cancelación de la deuda ambiental a través de fondos de adaptación", asegura Bibiloni.

Dentro del cuadro global, el aporte nacional es apenas del 0,5 por ciento y, a diferencia de las grandes potencias mundiales, no tiene que ver con la industrialización desenfrenada sino con las malas condiciones del parque automotor, sobre todo los transportes públicos. "Habría que empezar por ahí, porque vos no podés tomar acciones como si fueras un país desarrollado: no podés dejar de generar energía ni podés hacer los gastos para mejorar la tecnología, porque en países como el nuestro es condenar a la muerte a un montón de gente", asegura Guillermo Jorge, director ejecutivo de Green Cross. Para Cariboni, de Greenpeace, pensar así es una trampa. "Hay que empezar a desarrollar otras fuentes de energía, como la eólica, que en nuestro país tiene un potencial enorme", asegura.

Es un domingo horrible y Mercedes me espera en la esquina de La Boca para cruzar a la isla Maciel. Ibamos a encontrarnos el sábado al mediodía, pero todo el viernes diluvió con furia en Buenos Aires y a la mañana Mercedes me llamó para cancelar. "Acá está el barrio inundado y se cayó un árbol en la puerta de casa", me dijo. Uno se olvida: la lluvia no es la misma para todos. Puede ser un contratiempo para la salida del viernes a la noche, una bruma que interfiera el paisaje de la autopista o un metro de agua en el living de tu casa.

Mercedes tiene 25 años, mellizos que están aprendiendo a caminar y es lo más parecido a un cuadro político que hay en la isla Maciel. Vivió toda su vida en el barrio y desde los 18 milita en el movimiento Barrios de Pie, casi siempre en programas de alfabetización y apoyo escolar. Desde que se separó de su novio, vive en una casita alquilada en la isla por la que paga 300 pesos por mes. Dice que está buscando algo afuera, pero por un lugar parecido al que habita ahora, en La Boca le cobran 900.

Cruzamos en bote, desde La Boca, y alcanzan treinta remadas, treinta y cinco, para llegar a otro mundo. El viaje cuesta 1 peso por persona y, para la diferencia que hay entre una costa y la otra, dura la ridiculez de un minuto. La isla Maciel, junto a Dock Sud y Villa Inflamable, está sobre la desembocadura del Riachuelo, donde el río arrastra todo lo que trae y donde, además, está el Polo Petroquímico, en que se levantan unas cincuenta industrias entre petroleras, plantas de acopios de productos químicos y depósitos. Esta es la zona de la ciudad con más riesgo ambiental para la salud: si llegara a explotar, el poder destructivo alcanzaría los 10 megatones, 6 más que la bomba atómica en Hiroshima. Y, más concretamente: si en la Villa 20 el 25 por ciento de los chicos tienen plomo en la sangre, acá la estadística alcanza el 50 por ciento.

La primera imagen de la isla Maciel es de unos viejos colectivos abandonados y unas casas medio derrumbadas que dan a la costa, un cartel desteñido de helados Frigor en la pared de otra, que alguna vez habrá tenido un kiosco. Ahí nace Montaña, la calle principal del barrio. Mientras caminamos, el barrio parece un pueblo fantasma con gente que espía desde las ventanas. Hay casas de chapas como las de Caminito, algunas de material y otras levantadas con chapas y maderas. Isla Maciel parece una especie de pueblo abandonado, con casi nadie en las calles, dos o tres almacenes, tan lejos y tan cerca de la ciudad. Atravesamos la plaza hasta la iglesia Fátima y pasamos frente a la casa del padre Paco, que al lado de su viejo Dodge tiene una especie de mural de un hombre arrodillado, que será él, frente a una Virgen y en letras negras aclara: "Soy de la Virgen nomás". Y al lado, atada a las rejas de la ventana, una bandera azul y amarilla: de la Virgen y de Boca.

Las calles tienen diez centímetros de agua y, contra el cordón, flota un sapo panza arriba. Mientras Mercedes camina hundiendo sus sandalias en el agua, yo voy saltando de baldosa en baldosa con mis peores zapatillas para no mojarme. Estamos yendo a lo de Mirtha, una señora que trabaja en un comedor y que tiene a uno de sus hijos enfermo. Su casa queda al fondo de un baldío. Con una piedra, Mercedes golpea la puerta de la entrada y, al ratito, aparece Mirtha, que nos lleva para adentro: una casita levantada con unas chapas contra el paredón de una fábrica. Mirtha tiene 50 años, el pelo canoso cortado al ras de la cabeza y por momentos, cuando habla, todo se le pone negro, como si no supiera por dónde seguir. La cocina está afuera, bajo techito de madera, pero no tiene paredes. Sentado en un banquito, está comiendo un guiso uno de sus hijos, Leo, que tiene 5 años y un sarpullido en la cara. "Ahora le salieron unos granos en la cabeza por la mugre que hay, miren", dice y le tuerce la cabeza para mostrarnos. Leo, en esa posición, sigue comiendo sin prestarnos mucha atención.

El resto de la casa es un cuarto con cuatro camas, dos armarios y una tele con Los Simpson. "Acá, cuando sopla viento del sur, se siente el olor a pis de gato que viene del Polo", dice Mirtha. Para los habitantes de la isla Maciel y Dock Sud, la convivencia con las industrias petroquímicas y los gases que liberan es algo de todos los días. Antes vivían en una casita a tres cuadras, en la parte más baja del barrio, pero con las lluvias, las alcantarillas se tapaban y dice que el agua le llegaba hasta el cuello. La casa la levantó cuando todavía estaba con su esposo, pero dice que decidió separarse hace unos años porque tomaba mucho y se ponía violento. "Ahora trabajo en un comedor, gracias a Dios, y traigo todos los días comida. A mis otros chicos los llevé hace unos meses a la salita, porque tenían una tos que no se les iba y me dijeron que era bronquiolitis, por el aire que tenemos acá, pero nosotros no tenemos otro lugar a donde ir, imagínese. ¿Adónde vamos a ir?".

Por Juan Morris - Fotos de Fernando Gutierrez en Revista Rolling Stone

quienes son los principales contaminadores? miren esta nota de RS...

habra quien haga algo parecido de los principales contaminadores de la Argentina y de los complices politicos y funcionarios?

enero 17, 2010

Generación Y: ¿jóvenes atrapados en la adolescencia?. La Nacion

Tienen entre 18 y 30 años. Crecieron rodeados de tecnología, consumo y publicidad. No creen en el trabajo para toda la vida ni en la política, aunque la ecología logra movilizarlos. Cómo es y cómo ve el mundo esta generación hedonista, a veces díficil de decodificar
Raquel San Martin

Si usted hubiera crecido en medio del auge y caída del menemismo y hubiera visto a sus padres perder ahorros y trabajo en 2001, ¿creería en serle fiel a una empresa por toda la vida, ahorrar durante años para tener casa propia o acomodar el tiempo libre a lo que las horas de trabajo permiten? Si sus padres le ofrecieran casa, comida y libertad, ¿encararía el esfuerzo económico y personal de irse a vivir solo? Si hubiera crecido bombardeado por la publicidad y acostumbrado al consumo, ¿no pensaría que el teléfono móvil envejece en unos pocos meses y se negaría a pagar por lo que baja gratis de Internet desde que era un chico?

Mirados así, a la luz de preguntas de sentido común, los jóvenes de veintipico no parecen tan irracionales, inmaduros ni descomprometidos como los de generaciones mayores los suelen ver, con una mezcla de crítica y nostalgia que a veces no puede esconder una dosis de admiración y envidia.

Se trata de la Generación Y, los que hoy tienen entre 18 y 30 años -el corazón del grupo, dicen los sociólogos, está en los que tienen entre 22 y 28-, que siguen cronológicamente y desconciertan a los pragmáticos e individualistas miembros de la Generación X, hoy entre los 35 y 45 años. También se los llama "millennials", "generación Google" o "iGeneration", en referencia a la presencia ubicua de la tecnología en sus vidas, no como dispositivos útiles para alguna función, sino como una extensión vital de sus cuerpos, sus intereses y sus modos de informarse y divertirse.

Aunque la sociología, el sentido común y los organismos internacionales sigan prolongándoles la adolescencia (la Organización Mundial de la Salud la hace llegar a los 25 años), la Generación Y transita sus carreras universitarias y accede a sus trabajos, ambientes donde el estilo hedonista, impaciente y de atención múltiple causa no pocos choques con las expectativas de docentes y jefes que, por ejemplo, se siguen asombrando de que en una entrevista laboral el interés principal del candidato origine preguntas como: "¿Cuántas semanas de vacaciones tengo?", o que los comentarios en clase empiecen invariablemente con: "Yo opino que...".

La empresa de análisis de opinión pública Ipsos, de origen francés, realizó en 2009 en nuestro país un estudio cualitativo de la Generación Y, a pedido del IAE, la escuela de negocios que recibió la inquietud de empresarios y directivos de Recursos Humanos. ¿Qué hacer con jóvenes creativos y talentosos, pero que parecen poco dispuestos a "ponerse la camiseta" corporativa dócilmente? En una línea similar, hace dos años, la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) empezó a analizar a sus "millennials" para responder a las inquietudes de los profesores, y ese trabajo se tradujo en talleres, cuadernillos con consejos "para entenderlos" y un libro que está en camino: La generación emocional .

Ipsos trabajó a partir de grupos focales de jóvenes Y, entrevistas con miembros de la Generación X, complementados con un análisis cuantitativo, a partir de encuestas por Internet a ambos grupos.

Sus resultados dibujan una generación para la que el trabajo perdió su valor de estabilidad, que valora experimentar el consumo más que acumular bienes; jóvenes que quieren ser dueños de su propio tiempo, que aceptan la diversidad de buen grado, que arman sus salidas improvisando y sobre la marcha, que quieren ser reconocidos como adultos sin dejar la casa de sus padres, que desprecian la política tradicional pero se embarcan con ganas en causas ecológicas y solidarias. Jóvenes hijos del capitalismo triunfante, para quienes la caída del Muro de Berlín es más un tema de History Channel que un recuerdo. Jóvenes más libres, pero con menos seguridades.

"Cada uno siente que es libre para ir armando su propia biografía, pero con menos certidumbres. Es un mundo que ya no tiene aquellas estructuras que daban seguridad, sobre todo el trabajo", coincidió ante LA NACION Ana Miranda, coordinadora académica del Programa de Juventud de Flacso e investigadora del Conicet.

En la Argentina, la Generación Y representa el 22 por ciento de la población, y la paridad de género entre ellos es un hecho: el 52 por ciento son mujeres y el 48 por ciento son varones. Sin embargo, una aclaración se impone. En países desiguales como la Argentina, el grupo que es retratado por estas características es el que pertenece a una franja socioeconómica media y media alta, con un capital económico y educativo que le permite, por ejemplo, cambiar de trabajo, postergar la salida de la casa paterna hasta terminar la maestría o emprender un viaje exploratorio por Asia.

Este grupo, sin embargo -que según algunos investigadores no superaría el 20 por ciento de los jóvenes de veintipico argentinos- forma parte de un fenómeno global, que en Europa y Estados Unidos se caracteriza con la instalación de los llamados "valores posmateriales", que priorizan la autonomía, la autoexpresión y la calidad de vida por sobre la satisfacción de necesidades materiales, que se dan por sentadas. Como ha señalado el cientista político norteamericano Ronald Inglehart, de la Universidad de Michigan, que trabaja el tema desde los 70: "este cambio responde a la modificación de las condiciones existenciales, de crecer con el sentimiento de que la supervivencia es precaria a hacerlo con la sensación de que está garantizada".

Muchas de las características que recogió Ipsos en su estudio, y los que la UADE define en los suyos, identifican al miembro de la Generación Y con un adolescente, que rechaza la autoridad y hace planteos emocionales aun en el trabajo. "La mayor esperanza de vida genera una modificación del ciclo vital. Hoy, después de la tercera edad, hay una cuarta, y en el otro extremo también se extienden otras etapas antes no socialmente habilitadas", describió Miranda.

Según rastreó Ipsos, el trabajo es una de las áreas en las que más claramente se ve la diferencia entre los X y los Y. "Un X se define por su trabajo y a través de lo que hace. Quieren seguir aprendiendo, planifican una carrera, aceptan el statu quo. Para un Y, el trabajo es lo que le permite llegar a lo que quiere, que suele ser la libertad personal y el placer. Por eso, repiensan su empleo cada tanto y están dispuestos a cambiarlo si no se ajusta a sus expectativas", analizó Luis Montesano, director cualitativo de Ipsos.

Así, si un X afirma que "el trabajo es un aspecto fundamental en la realización de una persona", un Y estaría más inclinado a afirmar: "El trabajo me permite tener mis cosas" o "lo necesito para vivir pero lo primordial es sentirme cómodo". Por eso, si un X es paciente mientras "crece" en su empleo, el Y tiene otros planes. "A los 40 no voy a querer estar donde estoy ahora. Me gusta la repostería"; "No quiero el estilo de vida de los 40 y pico. Trabajan desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche", o "Yo les diría a mis jefes: ´comprate una vida´", según recogió Ipsos.

Hay quienes detectan diferencias según el área de la industria de que se trate. "Esto es más cierto en áreas económicas en expansión, como la tecnología y la informática, donde sí la rotación es más alta y los jóvenes consiguen sus trabajos con más facilidad", apuntó Martín Cuesta, director del Departamento de Ciencias Sociales y Humanidades de la UADE y coordinador del trabajo sobre los "millennials".

La inmediatez ante todo

La familia representa para ellos un eje central, pero de modo bien diferente del de sus antecesores. "Están cómodos en la casa de sus padres. Para ellos, la adultez no tiene que ver con la independencia. Están formateados hacia la inmediatez, y por eso les cuesta ver el beneficio más allá de un esfuerzo. No quieren atravesar pérdidas", evaluó Montesano. Algunos investigadores señalan que los padres juegan su parte en esto. "Somos otros adultos. Hoy no es tan necesario pensar en una ruptura tan fuerte entre padres e hijos como en generaciones anteriores", comentó Miranda.

La amistad también es un valor Y, pero con una mirada ambivalente. Por un lado, los amigos cercanos -el club, la escuela, la universidad-, pero también los cientos de contactos en Facebook. "Si la Generación X usa Facebook para reencontrar a sus conocidos, los Y acumulan contactos a quienes hablan, ignoran o bloquean según su preferencia", analizó Montesano. En el tiempo libre, la ausencia de un plan definido es un sinónimo de libertad y disfrute: "Estaba chateando a la una de la mañana y pintó algo que hacer". La mirada sobre la pareja es funcional, postergada para un más adelante impreciso. "Primero hay que viajar, terminar los estudios, gastar plata en ellos mismos", dijo Montesano.

La relación con el dinero también se ve transformada. Si para un X representa seguridad y futuro, para un Y es posibilidad de disfrute inmediato: "Quiero ir a Tailandia"; "Me lo gasto en chocolate"; "Lo gasto en mí". Permite, además, viajar, una experiencia central en el imaginario de los de veintipico, pero con algunas condiciones. "Si un X aspira a conocer París, Londres o Nueva York, un Y quiere ir a China y tener la experiencia de ser otro".

Es un lugar común calificar a esta generación como "nativos digitales", para reflejar el significado esencial que tiene para ellos la tecnología, a la que no pueden separar de sus vidas ni de sus funciones: es comunicación, es diversión personalizada y móvil y, sobre todo, debe ser exhibible. La estética de los aparatos que usan es central, algo que las empresas que los producen tienen muy claro. Sin embargo, no es una generación a la que la publicidad la convenza fácil, porque a fuerza de escuchar sus apelaciones ubicuas, ya no le creen. "Nacieron rodeados de publicidad, se saben buscados, saben que hay sobrepromesa en el mercado y conocen más esos trucos. Para ellos, marketing es sinónimo de mentira y no están dispuestos a pagar por lo que se puede tener gratis", dijo Montesano.

¿Se convertirán los Y en X cuando crezcan? Hacer un pronóstico es complicado, porque, como dice Inglehart, "el cambio intergeneracional es lento" y porque, como señaló Miranda, "las sociedades cambian un poco y se reproducen un poco". Sin embargo, algunos cambios de fondo habrían llegado para quedarse. "El rol del trabajo, la exploración de múltiples estímulos, la exhibición de la vida privada y el poder sobre el propio tiempo van a quedar", arriesgó Montesano.

Quizás haya sido la antropóloga Margaret Mead la que tempranamente mejor caracterizó la brecha generacional. En 1970, escribió que este desconcierto aparece cuando "no hay adultos que sepan más que los mismos jóvenes acerca de los que éstos experimentan".

© LA NACION



diciembre 22, 2009

Clase media Un juguete para sociólogos por T. Abraham

La clase media es un juguete ideológico para sociólogos. En ella pueden volcar todos los lugares comunes del sentimiento crítico. Odiar a la clase media es un placer que se da la clase media.

La clase media es un juguete ideológico para sociólogos. En ella pueden volcar todos los lugares comunes del sentimiento crítico. Odiar a la clase media es un placer que se da la clase media. La supuesta lucidez de la ciencia social no impide que su portador participe de los valores de la clase denostada. ¿Cuáles son los valores típicos de la clase media? Oficio o profesión estable, vivienda propia, educación superior y, claro, servicio de salud garantizado. Lo que esta clase pretende es entonces lo que quiere todo el mundo, en especial la clase obrera y los sociólogos.

Se acusa a la clase media de mezquindad. Sin duda, los valores mencionados derivan de una necesidad de seguridad individual y pueden hacer creer que a un miembro de esta clase poco le importan sus prójimos, en especial los que sufren.

Pero no hay que apresurarse con estas afirmaciones, ya que la clase media ha sabido congregarse y compartir con fervor valores colectivos. La historia del nazismo y de los fascismos en sus variantes rojas y negras son una prueba histórica de este hecho. Además, la filantropía es un fenómeno masivo de la clase media; basta ver el desarrollo del llamado “tercer sector”.

Se dice que la clase media desprecia a quienes estima inferiores como a los obreros, a los criollos, al cabecita negra, al piquetero. Es cierto, en la cultura burguesa europea del pasado lo “ordinario” era lo degradado y, por lo general, estaba representado por el campesinado. Sin embargo, este racismo es transversal y adscribible a todas las clases sociales. No porque forme parte de la naturaleza humana sino porque es frecuente que exista en las organizaciones un chivo emisario que purgue al conjunto. Un obrero bonaerense desprecia a un santiagueño y un zafrero tucumano a otro boliviano, y un mulato a un negro, un afroamericano a un nigeriano, un mestizo a un aborigen y un judío alemán a un judío polaco y éste a otro siriolibanés. Creer que la clase media monopoliza el desprecio social es ignorar el funcionamiento de las sociedades y el hecho de que los pobres empleados –símbolo de la clase media– han sido humillados hasta el servilismo por las estructuras de poder.

Viene bien hablar mal de la clase media y justificarlo con la afirmación de que estuvo del lado de la Libertadora y del Proceso, siempre contra el pueblo y vestida de gorila. También se debe reconocer que las formaciones guerrilleras surgieron del mismo estamento, así como la oficialidad represora. Hoy, este odio se ha rejuvenecido con la aparición de los rubios y su casillero contrastado por los negros.

Pero en verdad, la clase media no existe más. Por una razón sencilla calculada en pesos. El piso para pertenecer a la clase media es de unos seis mil pesos mensuales para una familia nuclear con dos hijos. No hablamos de una clase media del primer mundo para la que el auto, una playa por quince días y los enseres electrónicos son parte de la canasta básica, sino la de una del tercer mundo que de la suma indicada gasta el 35% en un crédito para la vivienda o alquiler más servicios, otro 30% en alimentos y el resto en educación y pocos esparcimientos. Este piso mínimo en realidad insuficiente exige un ingreso que tienen pocos argentinos.

Si hablamos de las nuevas generaciones, los que tienen unos veinte años o algo más, el futuro no les es más promisorio. Conseguir un trabajo con un sueldo de unos cuatro mil pesos es sumamente complicado y casi un milagro de mercado y un salario común apenas supera el costo de un alquiler. Si agregamos que hoy la condición laboral es casi por definición precaria, que su transitoriedad es regla y que la flexibilidad con la correspondiente tercerización es un fenómeno general, el deseo de estabilidad laboral e identidad profesional tiene pocas probalidades de llevarse a cabo. Por lo que el deseo tradicional de progreso económico y movilidad social está frustrado. Los miembros jóvenes de las capas medias que viven más o menos bien lo hacen gracias al patrimonio acumulado por generaciones anteriores.

Hay quienes desprecian a la clase media porque es poco artística. Este tipo de pedantería corre más por cuenta de aficionados a las letras y las artes que de los cientistas sociales. Elogian lo que llaman la cultura popular, sus raíces carnavalescas y callejeras y atacan sin merced a la cultura de masas representadas por la televisión cuyo apodo reciente se llama “tinellización” que, por supuesto, tiene cautivo a su público predilecto que nuevamente es la pobre clase media sentada en el living de su casa.

Hubo muchos intentos de imaginar una sociedad de clase media. La utopía liberal era la de una clase media conformada por pequeños propietarios. Las ideas que van desde la filosofía de Locke a las teorías de Adam Smith y el contrato social de Rousseau fueron pensadas para una sociedad de clase media con una distribución equitativa de bienes. Cuando el mundo corporativo del gran capitalismo mostró que esta sociedad de almaceneros no era posible, se pensó que las sociedades anónimas eran el sustituto actualizado para concretar el mismo sueño. Una colectividad de accionistas que por medio de papeles de riesgo administran sus ahorros.

Es posible que la última crisis financiera ponga en cuestión este modelo, aunque no se ve en el horizonte uno nuevo. El sueño del empleado público que también es un derivado de la clase media tiene sus problemas. La estabilidad de por vida, las compensaciones gremiales que equilibran sueldos mediocres y el poder corporativo duran lo que dura el superávit hasta una próxima hiperinflación o licuación de salarios, como sucedió en nuestro país en 1975, 1980, 1989 y en 2001.

Conformista, racista, mediocre por definición, trepadora, mezquina, esclava de la plata dulce, sólo rebelde ante corralitos y cacerolera ante cortes de calles, rubia con sentimiento de inseguridad, la clase media no se fue al paraíso y no sale del infierno sin siquiera llegar al purgatorio. En realidad, este odio que no es de clase, ya que no proviene ni del proletariado ni de los excluidos sino de las capas medias, es parte de lo que con talento el profesor Harold Bloom ha llamado “cultura del resentimiento”. ¿En qué consiste? En buscar la miseria detrás de la grandeza. Violencia de género, racismo, imperialismo son parte de todas la bajezas que un espíritu supuestamente emancipado y libertario puede descubrir para solaz de sus colegas. El espíritu de sospecha es ávido y vampiresco. No le alcanza la carne del presente. Un Aristóteles esclavista, Sarmiento genocida, Conrad colonialista, Marx antisemita, Salgari machista, la lista de la historia universal puede ser interminable pero se reduce a una única incapacidad: la de admirar. El que padece este afán de revancha no puede admirar. No se trata meramente de envidia, sino de la necesidad de empequeñecerlo todo para que no quede nada superior, hacer de todo un lodo porque así es posible destacarse en el chapoteo universal y el que más patalea en el barro de la historia sobrevive. La clase media es un trofeo algo deshecho de esta cruzada.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).