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NUEVA YORK.- Las recesiones son comunes; las depresiones son raras. Por lo que sé, hubo solamente dos épocas de la historia económica que fueron generalizadamente descriptas como "depresiones" en su momento: los años de deflación e inestabilidad que siguieron al pánico de 1873 y los años de desempleo masivo que siguieron a la crisis financiera de 1929-31.
Ni la Larga Depresión del siglo XIX ni la Gran Depresión del siglo XX fueron épocas de declinación incesante. Por el contrario, ambas incluyeron períodos en los que la economía creció. Pero esos episodios de mejoría nunca bastaron para reparar los daños ocasionados por la primera caída, y fueron seguidos por recaídas.
Me temo que ahora nos encontramos en las primeras etapas de una tercera depresión. Probablemente sea más semejante a la Larga Depresión que a la mucho más grave Gran Depresión.
Pero el costo para la economía mundial y, sobre todo, para los millones de vidas azotadas por la falta de empleo será enorme. Y esta tercera depresión será, primordialmente, un error de política.
En todo el mundo -más recientemente en la muy desalentadora cumbre del G-20 en Toronto-, los gobiernos se obsesionan con la inflación cuando la verdadera amenaza es la deflación, y predican la necesidad de ajustarse el cinturón cuando el verdadero problema es el gasto inadecuado.
En 2008 y 2009, parecía que, tal vez, habíamos aprendido las lecciones que nos había dado la historia.
A diferencia de sus predecesores, que aumentaron las tasas de interés ante una crisis financiera, los actuales líderes de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo (BCE) bajaron las tasas y actuaron para dar apoyo a los mercados crediticios.
A diferencia de los gobiernos del pasado, que trataron de equilibrar sus presupuestos cuando se vieron enfrentados a una economía en caída, los gobiernos de hoy permitieron que el déficit aumentara. Y mejores políticos lograron que el mundo evitara un colapso total: se podría afirmar que la recesión producida por la crisis financiera terminó el verano pasado.
Desempleo catastrófico
Pero los futuros historiadores no dirán que ése no fue el final de la tercera depresión, tal como el repunte empresarial que se inició en 1933 no fue el final de la Gran Depresión.
Después de todo, el desempleo -en especial, el desempleo de largo plazo- sigue en niveles que hubieran sido considerados catastróficos poco tiempo atrás, y no hay indicios de que vaya a recuperarse en lo inmediato. Y tanto Estados Unidos como Europa se encaminan hacia trampas deflacionarias al estilo de Japón.
Ante este sombrío cuadro, uno esperaba que los políticos se dieran cuenta de que aún no habían hecho lo suficiente para promover la recuperación. Pero no: durante los últimos meses, se produjo un notable resurgimiento de la ortodoxia del dinero difícil y del equilibrio presupuestario.
En lo referido a la retórica, el renacimiento de la antigua religión es más evidente en Europa, donde los funcionarios parecen extraer sus frases de los discursos completos de Herbert Hoover, incluida la afirmación de que aumentar los impuestos y reducir el gasto verdaderamente son medidas que ampliarán la economía y fortalecerán la confianza empresarial.
Sin embargo, a nivel práctico, Estados Unidos no hace las cosas mucho mejor. La Fed parece consciente de los riesgos deflacionarios, pero lo que propone hacer con estos riesgos es, digamos, nada.
La administración de Barack Obama entiende los peligros que implica una austeridad fiscal prematura? Pero como los republicanos y los demócratas conservadores no autorizaron en el Congreso la ayuda adicional a los gobiernos estatales, esa austeridad existe de todas maneras, bajo la forma de recortes presupuestarios estatales.
¿Por qué esta política es equivocada? Para justificar su postura, los más intransigentes suelen invocar los problemas que deben enfrentar Grecia y otras naciones marginales de Europa.
Y es cierto que los inversores han atacado a los gobiernos con déficits irremediables. Pero no hay ninguna evidencia de que la austeridad fiscal a corto plazo, ante una economía deprimida, sirva para tranquilizar a los inversores.
Todo lo contrario: Grecia ha accedido a un estricto plan de austeridad, sólo para descubrir que su riesgo país sigue creciendo; Irlanda ha impuesto salvajes recortes a su gasto público, sólo para que los mercados la consideren aún más riesgosa que España.
El triunfo de la ortodoxia
Es casi como si los mercados financieros entendieran aquello que los políticos no parecen comprender: que aunque la responsabilidad fiscal a largo plazo es importante, rebajar drásticamente el gasto en una depresión, profundizándola y abriendo paso a la deflación, es una actitud verdaderamente autodestructiva.
Así que no creo que nada de esto se justifique con Grecia, ni tampoco que sea una evaluación realista de la compensación de la relación entre el déficit y el empleo.
Es, en cambio, el triunfo de una ortodoxia que tiene poco que ver con el análisis racional y cuya premisa fundamental es que imponer sufrimientos a otras personas es la manera de demostrar la capacidad de liderazgo en las épocas difíciles.
¿Y quién pagará el precio de este triunfo de la ortodoxia? La respuesta es: decenas de millones de trabajadores desocupados, mucho de los cuales seguirán sin empleo durante años, y algunos de los cuales nunca más volverán a trabajar.
artículo de Sandra Russo de diciembre de 2009, pero muy actual. La mejor parte del amor
Por Sandra Russo
Seguramente los apropiadores de niños sienten amor por ellos, o al menos eso deben creer. Quién sabe qué siente alguien que oculta una verdad atroz; que obliga al ser presuntamente amado a una reciprocidad que él mismo viola. Nadie está, sin embargo, preparado para fingir toda su vida. Ese amor que los apropiadores sienten por esos bebés que hoy son hombres y mujeres de treinta y pico debe haber tenido fallas, grietas, lapsus, desbordes inevitables de la verdad. Un hijo apropiado debe saber, en alguna parte sí, alguna forma de la verdad. Seguramente huele el tufo de ese amor, su hedor, el rastro de un crimen. Hay cuatrocientas personas todavía viviendo esas tensiones soterradas. Hay mecanismos psíquicos y sociales que permanentemente bloquean el amor y lo reemplazan por sus simulacros. Estamos todos tan confundidos con el amor, que aceptamos sus sustitutos, sus malas copias. Los apropiadores de niños les han dicho a lo sumo a esas personas que son hijos adoptivos, bebés que ellos sí aman, en reemplazo de madres que los abandonaron. Desde el punto de vista de ese tipo de víctima, el hijo abandonado, ser hijo de un desaparecido es una enorme descarga de angustia. Es constatar que no hubo abandono. No son hijos biológicos de una madre que eligió seguir su vida sin ellos, sino que fueron bebés arrebatados de las manos de sus madres. Sus madres no siguieron sus vidas, no formaron otras familias, no tuvieron otros hijos. Fueron asesinadas. Lo innombrable del abandono es el desamor. Cualquiera que haya sido abandonado en una circunstancia amorosa sabe que lo anímicamente intragable del abandono es el desamor. Una de las razones que siempre esgrimieron las Abuelas como motores de su búsqueda es hacerles saber a sus nietos que fueron bebés muy deseados y amados por sus padres y sus familias. Quieren hacerles saber algo que puede curarles un trauma y sanarles la vida. Cuando esos bebés llegaron a la adolescencia, cuando pudieron hacer lo que un niño pequeño no puede, muchos hijos adoptivos fueron por sí mismos a la sede de Abuelas. Querían saber si eran hijos de desaparecidos. Buscaban su identidad, pero también buscaban, probablemente, ese consuelo terrible: no haber sido bebés abandonados, sino víctimas de crímenes políticos. Esto no tiene nada de ideológico, en principio. Se trata más bien de distintas dimensiones del amor y el desamor. Nuestras vidas penden de esas nociones. Nuestros dolores y pasiones nacen allí, a la sombra de cómo fuimos o no fuimos amados. La idea que tenemos del amor, eso que reconocemos en los otros y en nosotros mismos como amor, no puede germinar en la mentira, sólo en la libertad. Nadie puede obligarnos a amar. No podemos tampoco obligarnos a nosotros mismos a hacerlo. Es un sentimiento que está fuera de nuestro control, que aparece y también desaparece, pero que suponemos sólo posible entre criaturas libres. Cuando la mentira atraviesa la circunstancia amorosa, no hay amor. Hay manipulación. La manipulación en el amor, sin embargo, no es cosa extraña. El mercado Vero Peso, en la desembocadura del Amazonas, es enorme y extraordinario. Hay interminables filas de puestos que venden los mangos más grandes del mundo, pescados de diseños exóticos, instrumentos musicales de madera maciza. Allí hay un sector de hechiceras que vende frasquitos de esencias y aceites para curar la salud y para recuperar o afirmar el amor. Esas mujeres de etnias amazónicas la agarran a una de la pollera cuando pasa, le ofrecen felicidad. Un embrujo no es otra cosa que manipulación. O simulación. Traje de allí un pequeño volante que no es indígena, es afro. “Mae Triana Cartomante Exotérica” se llama la mujer vidente. Promete traer a la persona amada rápido, “amarrada a tus pies”. El amarre es un tópico de la hechicería. Hay brujas urbanas en todo el mundo especializadas en amarres. Los amarres pretenden reemplazar al amor por fascinación. Ese es un truco posmoderno. Una prestidigitación tecnológica que hace llamar amistad a lo que pasa en Facebook. Es un atajo virtual para el atajo que siempre en todas las culturas se buscó: tomar por amor un sentimiento sintético que no se regocija en el bienestar del ser amado, sino en la propia necesidad de conexión. A fin de año la palabra “amor” se multiplica. Son palabras. Las palabras tienen la particularidad de ser nada menos y nada más que palabras. Pueden ser decisivas o intrascendentes, pueden estar llenas o vacías. Venimos terminando un año en el que las palabras fueron aligeradas, violentadas, subvertidas por el establishment. Se llegó a tal extremo que tuvimos que escuchar, como una reivindicación política de la mentira, que los hijos de Ernestina Herrera de Noble son nuestros hijos. Llama muy poco la atención que la lucha de las Abuelas sea cuestionada desde sectores golpistas que participan del juego democrático justo cuando esa lucha roza a una mujer muy poderosa. Cuando roza al poder. Eso pasa no inadvertido, sino no dicho. Este año se puso en jaque a los derechos humanos. La primera en hacerlo fue Susana Giménez, entretenedora exquisita para la videopolítica. “Esa estupidez de los derechos humanos”, dijo aunque quedó sonando la otra parte de la frase, “el que mata tiene que morir”. Después se cuestionó a las Madres y a las Abuelas por la ley de ADN y se alzó nuevamente la frase hecha de que “los derechos humanos son sólo para los delincuentes”, y no para las víctimas de “la inseguridad”. Las coberturas políticas y policiales se entremezclaron. Abel Posse tuvo que renunciar, pero pasamos por el trance de tener unos días un ministro de Educación porteño que volvió a reivindicar el terrorismo de Estado. El huevo de la serpiente se instala en muchos nidos. Nuestra veta fascista tiene sus dirigentes, pero tiene también muchos voceros en las calles, hombres o mujeres comunes y corrientes que de pronto se entreveran en conversaciones en las que piden matar a unos cuantos. La muerte es una de nuestras tradiciones. Una pulsión argentina que se regodea en soluciones finales. Matarlos a todos es una ilusión degenerada. Hubo una época bastante reciente en la que los mataron. A todos los que pudieron. Hubo uno o dos años, durante y después del Juicio a las Juntas, en los que el horror sacudía las almas. Habían hecho cosas como tirar a la gente viva de los aviones o como asesinarla y robarse a sus hijos. Eso no es de izquierda ni de derecha. A veces uno se pregunta, en este país jodido, si acaso es de izquierda o peronista haberse quedado atravesado por la decisión de “nunca más”. Este año, uno ha tenido la sensación de que si apareciera un liderazgo bestial, tendría sus bases en esa gente que tiene mucho y no quiere perderlo, o en los que tienen muy poco, quizá un freezer y un auto, o una casa propia y un plazo fijo en el banco, y sin embargo arengan la muerte de los que tienen menos que ellos. Si se me permite, quisiera dedicar esta columna de fin de año a las Madres y a las Abuelas, por muchas razones. Pero entre ellas, la más firme y convencida es el agradecimiento por haber tramitado su dolor con lucha, y no con venganza. Por haber pedido siempre justicia, y haberse avenido a la mala, la poca, la lenta justicia que obtuvieron. Por haber estado dispuestas siempre a ofrecer a sus victimarios las garantías que sus hijos y sus nietos no tuvieron. Porque a pesar de sus diferencias y de sus líneas internas, siempre todas se pararon allí, en ese escalón que separa la civilización de la barbarie. Y porque en este país que aún conserva su horrible pulsión hacia la muerte, ellas la saltaron, se sobrepusieron, la reciclaron, la gestionaron hacia la vida. Porque son parte de lo mejor que somos, y somos peores si lo olvidamos.
El autor cuestiona la creencia arraigada de que los seres humanos son agresivos, materialistas, utilaristas y egoístas por naturaleza. Los nuevos descubrimientos que ponen de manifiesto la conciencia global de la acción humana.
Por Jeremy Rifkin*
ltimamente está de moda poner en duda que haya un significado subyacente a la historia humana que impregne y trascienda las diversas narraciones culturales que forman la variada historia de nuestra especie y que ofrezca el adhesivo social para cada una de nuestras odiseas.Es muy probable que estos pensamientos provoquen una mueca colectiva en muchos estudiosos posmodernos. Pero las pruebas indican que puede haber un tema subyacente a todo el periplo humano.
Nuestros cronistas oficiales —los historiadores— han desestimado de plano la empatía como fuerza motriz en el desarrollo de la historia humana. En general, los historiadores escriben sobre guerras y otros conflictos sociales, sobre grandes héroes y grandes malvados, sobre el progreso tecnológico y el ejercicio del poder, sobre injusticias económicas y sociales. Cuando mencionan la filosofía, suelen hacerlo en relación con el poder. Muy rara vez los oímos hablar de la otra cara de la experiencia humana, la que se refiere a nuestra naturaleza profundamente social, a la evolución y la extensión del afecto humano y a su impacto en la cultura y en la sociedad.
El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel dijo en una ocasión: «La historia no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco» porque constituyen «períodos de armonía». Las personas felices suelen vivir en el «micromundo» de las relaciones familiares y las afiliaciones sociales.
En cambio, la historia la suelen hacer los insatisfechos y los descontentos, los airados y los rebeldes, los que desean ejercer la autoridad y explotar a otros, los interesados en reparar agravios y restablecer la justicia. Desde este punto de vista, gran parte de la historia escrita gira en torno a la patología del poder.
Memoria colectiva. Quizá por esta razón hacemos un análisis tan sombrío al reflexionar sobre la naturaleza del ser humano. Nuestra memoria colectiva se mide por crisis y calamidades, por injusticias sangrantes y episodios de crueldad con otros seres humanos, con los restantes seres vivos y con la Tierra que habitamos. Pero si fueran éstos los elementos que definen la experiencia humana, ya haría mucho tiempo que nuestra especie habría perecido.
Todo esto plantea una pregunta: ¿por qué hemos acabado contemplando la vida de un modo tan negativo? La respuesta es que los relatos de maldades y tragedias nos sorprenden. Al ser inesperados, nos provocan inquietud y hacen crecer nuestro interés porque son sucesos nuevos y no constituyen la norma; pero tienen atractivo periodístico y por esta razón pasan a la historia.
El mundo cotidiano es totalmente diferente. Aunque la vida diaria está salpicada de sufrimiento, de tensiones, de injusticias y delitos, en general también abunda en actos sencillos de generosidad y bondad. Los actos que brindan consuelo y compasión engendran buena voluntad, forman vínculos sociales y traen alegría a la vida de la gente. Gran parte de las interacciones diarias con nuestros semejantes son empáticas porque ello forma parte de nuestra naturaleza. La empatía es el medio por el que creamos vida social y hacemos que progrese la civilización. En resumen, aunque no haya recibido de los historiadores la atención que de verdad merece, la extraordinaria evolución de la conciencia empática es la narración por excelencia que subyace en la historia humana.
Hay otra razón por la que la empatía no se ha estudiado a fondo en todos sus detalles antropológicos e históricos. El problema reside en el proceso evolutivo mismo. La conciencia empática se ha ido desarrollando lentamente durante los 175.000 años de la historia humana. En ocasiones, ha florecido para desvanecerse después durante largos períodos de tiempo. Su evolución ha sido irregular, pero su trayectoria es clara. El desarrollo empático y el desarrollo de la individualidad van de la mano y acompañan las estructuras sociales consumidoras de energía cada vez más complejas que han conformado el periplo humano.
Puesto que el desarrollo de la individualidad está tan ligado al desarrollo de la conciencia empática, la palabra empatía no pasó a formar parte del vocabulario humano hasta 1909, más o menos cuando la psicología moderna empezó a estudiar la dinámica interna del inconsciente y la conciencia misma. En otras palabras, el ser humano no pudo reconocer la existencia de la empatía, hallar las metáforas adecuadas para hablar de ella y explorar a fondo sus múltiples significados hasta que su individualidad se desarrolló lo suficiente para permitirle reflexionar sobre la naturaleza de sus pensamientos y sentimientos más íntimos en relación con los pensamientos y sentimientos más íntimos de los demás.
Debemos tener presente que sólo seis generaciones atrás nuestros antepasados —que vivieron hacia la década de 1880— no habían sido aculturados para pensar terapéuticamente. Mis propios abuelos eran incapaces de examinar sus pensamientos y sentimientos para analizar cómo influían sus relaciones y experiencias emocionales pasadas en su conducta con los demás y en su sentido de identidad personal. No se les había enseñado la noción de las pulsiones inconscientes ni palabras como transferencia o proyección. Hoy, cien años después del inicio de la edad de la psicología, los jóvenes están plenamente inmersos en la conciencia terapéutica y se sienten a gusto reflexionando y analizando sus sentimientos, sus emociones y sus pensamientos más íntimos, así como los sentimientos, las emociones y los pensamientos de los demás.
Sentimientos morales. El precursor de la palabra inglesa empathy fue el término sympathy («lástima, compasión»), que se puso de moda durante la Ilustración europea. El economista escocés Adam Smith escribió un libro sobre los sentimientos morales, en 1759. Aunque Smith es mucho más conocido por su teoría del mercado, dedicó mucha atención a las emociones humanas. Para Smith, Hume y otros filósofos y escritores de la época, sentir sympathy hacia una persona significaba lamentar su desdicha. La empatía comparte cierto territorio emocional con la palabra sympathy así entendida, pero es muy diferente de ella.
El término empatía deriva de la palabra alemana Einfühlung, acuñada por Robert Vischer en 1872 y empleada en la estética alemana. El término Einfühlung se refiere a cómo proyecta el observador su sensibilidad en un objeto de adoración o contemplación, y es una forma de explicar cómo se llega a apreciar y disfrutar la belleza de una obra de arte. El filósofo e historiador alemán Wilhelm Dilthey tomó este término de la estética y lo empezó a utilizar para describir el proceso mental por el que una persona entra en el ser de otra y acaba sabiendo cómo siente y cómo piensa.
En 1909, el psicólogo estadounidense E. B. Titchener tradujo Einfühlung a una nueva palabra inglesa, empathy. Estando en Europa, Titchener había estudiado con Wilhelm Wundt, el padre de la psicología moderna. Como muchos psicólogos jóvenes de la época, Titchener estaba especialmente interesado en el concepto básico de la introspección, es decir, en el proceso por el que una persona examina sus sentimientos, impulsos, emociones y pensamientos para intentar entender su propia identidad e individualidad. El sufijo -patía de la palabra empatía indica que entramos en el estado emocional de otra persona que sufre y que sentimos su dolor como si fuera nuestro.
A medida que la palabra empatía se fue introduciendo en la cultura popular psicológica de los círculos cosmopolitas de Viena, Londres, Nueva York y otros lugares, no tardaron en aparecer derivados de ella, como empático y empatizar. A diferencia de sympathy, que es más pasiva, la empatía supone una participación activa: la voluntad del observador de tomar parte en la experiencia de otra persona, de compartir la sensación de esa experiencia.
La empatía era un concepto nuevo con mucha fuerza y pronto se convirtió en objeto de debate entre los especialistas. Los que tendían a un enfoque más racional propio de la Ilustración enseguida intentaron despojarla de su contenido afectivo, dando a entender que la empatía es una función cognitiva «cableada» en el cerebro que exige un ajuste cultural. Para el filósofo y psicólogo estadounidense George Herbert Mead, todo ser humano adopta el rol de otro para evaluar sus pensamientos, su conducta y sus intenciones con el fin de dar una respuesta adecuada. Jean Piaget, el psicólogo especializado en el desarrollo infantil, estaba de acuerdo con Mead. Según Piaget, el niño se hace cada vez más experto en «leer» a los demás para establecer relaciones sociales. En sus teorías, los partidarios de la visión cognitiva llegaron a sugerir —aunque no abiertamente— que la empatía tiene un valor instrumental porque permite «tomarle la medida» al otro para promover el propio interés social y mantener unas relaciones sociales adecuadas.
Para otros psicólogos más tendentes al romanticismo, la empatía era un estado básicamente afectivo o emocional con un componente cognitivo. El observador empático no se fusiona con la experiencia del otro perdiendo su sentido de identidad personal, ni lee de una manera fría y objetiva la experiencia del otro como si fuera una forma de reunir información que pudiera servir a sus propios intereses. Como señala el profesor de psicología Martin L. Hoffman, la empatía es más profunda. Hoffman define la empatía como «los procesos psicológicos que hacen que una persona tenga sentimientos más congruentes con la situación de otra persona que con la suya propia».Hoffman y otros no pasan por alto el papel que desempeña la cognición en lo que los psicólogos llaman «precisión empática». Sin embargo, tienden a contemplar la empatía como una respuesta total al sufrimiento de otra persona, desencadenada por una participación emocional profunda del estado de esa persona, que va acompañada de una evaluación cognitiva de su estado actual y de una respuesta afectiva cuyo objetivo es atender sus necesidades y ayudar a aliviar su sufrimiento.
Aunque es probable que para la mayoría de las personas la empatía sea una respuesta emocional y cognitiva al sufrimiento ajeno, no se limita a la noción expresada en la frase «siento vuestro dolor» popularizada por el ex presidente Bill Clinton y caricaturizada después por la cultura popular. También se puede sentir empatía con la alegría ajena.
Con frecuencia, la empatía con la alegría de otra persona surge de un profundo conocimiento personal de sus luchas pasadas, que hace que su felicidad sea más apreciada y sentida. El abrazo empático a otra persona incluso puede transformar su sufrimiento en dicha. Carl Rogers lo expresó de una manera conmovedora: “Cuando alguien se da cuenta de que lo escuchan de verdad, sus ojos se humedecen. Creo que, en el fondo, llora de alegría. Es como si dijera: «Gracias a Dios, hay alguien que me escucha. Hay alguien que sabe cómo me siento»”.
Durante el siglo pasado, el interés por la importancia y el impacto de la empatía en la conciencia y en el desarrollo social no dejó de crecer. Este interés se ha multiplicado durante la última década, cuando la empatía se ha convertido en un tema candente en campos profesionales que van desde la medicina hasta la gestión de recursos humanos.
Neuronas empáticas. Los biólogos hablan con entusiasmo del descubrimiento de las neuronas espejo —también llamadas neuronas de la empatía—, que establecen la predisposición genética a la respuesta empática en algunos mamíferos. La existencia de las neuronas espejo ha suscitado un debate muy intenso en la comunidad académica en torno a antiguos supuestos sobre la naturaleza de la evolución biológica y, especialmente, de la evolución humana.
Edward O. Wilson, biólogo de Harvard, puso en entredicho siglos de pensamiento sobre la naturaleza de la relación del ser humano con otros animales mediante su ensayo sobre la biofilia. Los teólogos cristianos siempre habían contemplado a los restantes seres vivos de una manera utilitarista, aduciendo que Dios había concedido al hombre el dominio sobre ellos y la potestad de tratarlos a su antojo. En general, y con la excepción de Francisco de Asís, la Iglesia consideraba que los animales, al igual que el ser humano, eran seres nacidos del pecado que, aunque útiles, tenían escaso valor intrínseco. Tampoco los filósofos de la Ilustración mostraban mucho aprecio por los otros animales que pueblan la Tierra. La mayoría de ellos coincidía con René Descartes en que los seres vivos eran «autómatas sin alma» cuyos movimientos no eran muy diferentes de los de las figuras mecánicas del reloj de Estrasburgo.
Wilson plantea lo contrario; para él, el ser humano presenta una predisposición genética —un anhelo innato— a la compañía de otros animales, a relacionarse con ellos y con la naturaleza, y llega a afirmar que la creciente separación del resto de la naturaleza es causa de privaciones psicológicas y hasta físicas para nuestra especie.
Los educadores han alzado el estandarte del ajuste empático en el pujante campo de la «inteligencia emocional» señalando que la extensión y el compromiso empáticos son buenos indicadores del desarrollo psicológico y social de los niños. Algunos centros escolares de Estados Unidos han empezado a revolucionar sus planes de estudio para destacar la pedagogía empática, además de los programas más tradicionales centrados en la formación intelectual y profesional. Ahora que las escuelas intentan ponerse a la altura de una generación que ha crecido con Internet y está acostumbrada a interactuar y a aprender en redes sociales abiertas, en las que comparte información en lugar de acumularla, están surgiendo nuevos modelos de enseñanza destinados a transformar la educación y conseguir que, en lugar de ser una competición, sea una experiencia de aprendizaje en colaboración. El service learning, o aprendizaje mediante actividades de voluntariado, ha revolucionado la experiencia escolar. En colaboración con instituciones públicas y privadas, millones de jóvenes realizan trabajos útiles y solidarios para mejorar la calidad de vida de la comunidad en la que viven.
Todas estas innovaciones educativas contribuyen a desarrollar la sensibilidad empática. El supuesto tradicional de que «el conocimiento es poder» y se usa para el beneficio personal se está enfrentando, al menos en algunos sistemas escolares, a la noción de que el conocimiento es una expresión de la responsabilidad común por el bienestar colectivo de la humanidad y del planeta como un todo.
Las evaluaciones iniciales del rendimiento escolar en los pocos lugares en los que se ha implantado la nueva enseñanza empática indican una clara mejora en la conciencia, la capacidad de comunicación y el pensamiento crítico de los jóvenes porque hace que sean más introspectivos, estén más atentos a las emociones, y tengan más capacidad cognitiva para comprender a los demás y responder con inteligencia y compasión. Puesto que la capacidad para la empatía hace hincapié en no juzgar a los demás y en ser tolerante con otros puntos de vista, habitúa a los jóvenes a pensar en función de niveles de complejidad y los obliga a vivir en el contexto de unas realidades ambiguas donde no hay fórmulas ni respuestas simples, sino sólo una búsqueda constante de significados y comprensiones en común. Aunque todavía se halla en un estado incipiente, la nueva enseñanza empática tiene como objetivo preparar a los estudiantes para que puedan sondear los misterios de un universo existencial donde la pregunta fundamental no es sólo cómo, sino también por qué.
Incluso la economía, la llamada «ciencia pesimista», ha experimentado una transformación. A lo largo de dos siglos, la observación de Adam Smith de que la naturaleza predispone al hombre a mirar por sus propios intereses en el mercado ha sido la definición final e indiscutible de la naturaleza humana. En La riqueza de las naciones (1776), Smith sostenía: “Cada individuo en particular se afana continuamente en buscar el empleo más ventajoso para el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad; pero estos mismos esfuerzos hacia su propia ventaja lo inclinan de manera natural, o más bien necesaria, al empleo más útil a la sociedad”.
Aunque la caracterización que hace Smith de la naturaleza humana sigue siendo una especie de Evangelio, ya ha dejado de ser sagrada. Las revoluciones de Internet y de las tecnologías de la información han empezado a cambiar la naturaleza del juego económico. Las formas de hacer negocios a través de la Red ponen en cuestión supuestos ortodoxos sobre el mercado que hablan del interés personal. La expresión caveat emptor —«sea precavido el comprador»— ha sido sustituida por la creencia de que todos los intercambios deberían ser, por encima de todo, totalmente transparentes. La noción convencional según la cual toda transacción comercial es una especie de enfrentamiento ha sido desmentida por la colaboración en red basada en estrategias win-win, donde salen ganando las dos partes. En una red, optimizar el interés de los demás incrementa los activos y el valor de uno mismo. La cooperación puede más que la competencia. La norma es ahora compartir los riesgos y colaborar sin reservas ni restricciones en lugar de tejer intrigas y manipulaciones maquiavélicas. Pensemos en el caso de Linux, un modelo comercial que habría sido inconcebible veinte años atrás.
La idea que hay detrás de este negocio de software global es animar a miles de personas a que sientan empatía con otras que sufren problemas informáticos y a que cedan voluntariamente su tiempo y su experiencia con el fin de ayudarlos a solucionar esos problemas. La expresión altruismo económico ya no parece un oxímoron. Es indudable que Adam Smith no se lo creería. Pero Linux funciona y se ha convertido en competidor de Microsoft a escala mundial.
Las nuevas ideas sobre la naturaleza empática del ser humano han llegado incluso a la gestión de los recursos humanos, que empieza a destacar la inteligencia social tanto como la capacidad profesional. La capacidad de los empleados para empatizar con los demás, superando las barreras tradicionales de carácter étnico, racial, cultural y sexual, se considera cada vez más esencial para el rendimiento en las empresas, tanto en el puesto de trabajo en sí como en las relaciones de mercado externas. Aprender a trabajar en equipo de una forma atenta y compasiva se está convirtiendo en un procedimiento habitual de actuación en un mundo complejo e interdependiente.
¿Qué nos dice esto de la naturaleza humana? ¿Es posible que esta naturaleza, en lugar de ser intrínsecamente malvada, interesada y materialista, sea empática, y que todos los demás impulsos o instintos que hemos considerado primarios -agresividad, violencia, egoísmo, codicia- sean impulsos secundarios que surgen de la represión o la negación de nuestro instinto más básico?
*Autor de “La civilización empática”, Paidós, 2010.
La posibilidad de crear vida artificialmente es un desafío prometedor, y a la vez inquietante, que intenta abordar la ciencia en nuestros días. El 20 de mayo la revista Science publicó un artículo titulado “Creación de una célula bacteriana controlada por genes sintetizados químicamente”. En este número de Futuro nos ocupamos de la catarata de especulaciones que desató el hallazgo científico, pomposamente presentado como la creación de vida artificial y de sus alcances, sobredimensionados por algunos y minimizados por otros. Por Jorge Forno
La idea de creación de vida artificial ya no es lo que era. Atrás quedaron las fantasías futuristas que auguraban un siglo XXI plagado de robots autorreplicantes y otras formas de vida inorgánicas o conformadas por híbridos de humanos y máquinas. Ni la simpática Robotina de los dibujos animados ni los androides soñando con ovejas eléctricas ocupan hoy el lugar de la vida artificial, desplazados por los proyectos de la menos vistosa biología sintética; un campo de investigación en el que confluyen disciplinas como la bioquímica, la ingeniería y la informática, para diseñar modelos de sistemas biológicos.
En este terreno no se piensa crear impactantes humanoides sino una batería de microorganismos, con múltiples prestaciones. Pequeñas máquinas biológicas que, por ejemplo, tengan aplicación en la industria química y farmacéutica, o limpien ambientes contaminados. Quien posea el conocimiento y la tecnología para crear estos microorganismos tendrá también la muy redituable posibilidad de negociar –patentes mediante– suculentos ingresos a cambio de su utilización a escala industrial.
UN HOMBRE LLAMADO CRAIG VENTER
Este juego de ciencia y negocios le sienta muy bien al bioquímico y farmacólogo estadounidense John Craig Venter. Ex combatiente en la guerra de Vietnam, Venter se interesó por la genética desde el principio de su carrera profesional. No sólo por la genética: hacer dinero era otra de sus pasiones. Tanto es así que desde su primer trabajo científico de importancia –una técnica de identificación de ácidos ribonucleicos (ARN)–- bregó por patentar sus descubrimientos, cayendo muchas veces en batallas legales con resultados diversos. Así, se integró a Celera Genomics, un consorcio privado que participó en la carrera por secuenciar el genoma humano. Pero su intención de vender los datos del genoma humano chocó contra la iniciativa del consorcio público internacional encabezado por los Estados Unidos y conformado por una extendida red de colaboradores, que finalmente logró mantener la información en la esfera pública.
Venter se alejó de Celera Genomics en 2002, pero siguió en el ruedo genético con la dirección del J. Craig Venter Institute y su participación en la empresa Synthetic Genomics, dedicada a obtener aplicaciones industriales de organismos genéticamente modificados. A lo largo de su carrera, Craig se mostró como un experto en difundir sus logros no sólo a través de papers –un recurso de la comunidad científica que parece muy convencional para él– sino también a partir de reuniones de prensa o –a tono con los tiempos que corren– videoconferencias semejantes a las brindadas por los directores de las más importantes firmas mundiales. Un verdadero hombre de negocios que sabe cómo lograr una amplia repercusión en los medios.
EL SHOW DE LA VIDA (ARTIFICIAL)
En los últimos años los anuncios impactantes de Craig Venter se convirtieron en un verdadero clásico de la ciencia. Desde la carrera por el secuenciamiento del genoma humano, se lo conoce por poseer una enorme capacidad para magnificar sus logros. A finales de 2007 anunció que había conseguido obtener un cromosoma artificial a partir de síntesis química, y en 2008 el primer genoma sintético de una bacteria. Pero la noticia más espectacular estaba por venir. El 20 de mayo se publicó en Science el ya famoso artículo que Craig Venter firmó con 24 colaboradores de su instituto acerca de la creación de una célula bacteriana controlada por genes sintetizados químicamente. Y a continuación, en una videoconferencia, se explayó a gusto sobre la que según él es “la primera especie con capacidad de replicarse cuya madre es una computadora”. Pero esto no es todo: un canal internacional de divulgación científica transmitirá un programa especial sobre este hallazgo, al que promociona como un recorrido de “los esfuerzos del instituto del Dr. Venter para crear esta vida artificial”, con grabaciones obtenidas durante los cinco años que duró el proceso. La idea de que se había creado vida artificial, con sus connotaciones religiosas y filosóficas, resultaba sumamente atractiva y corrió rápidamente por el planeta, multiplicándose en títulos de diarios, noticieros de radio y televisión e Internet. Una idea atractiva e impactante, pero errónea.
EL MYCOPLASMA TIENE QUIEN LE ESCRIBA
El artículo de Science no hace ninguna mención a la vida artificial. Es más: la palabra vida aparece sólo dos veces en sus doce páginas: una vez en relación con el almacenamiento digital de la secuencia genómica y otra en referencia a la discusión ética que hacia el futuro se abre sobre la cuestión de la vida sintética. Lo que sí explica el artículo es el desarrollo de una técnica para insertar un genoma bacteriano sintetizado químicamente en otra bacteria del mismo género (Mycoplasma) pero de distinta especie. Ni más ni menos que un trasplante de material genético, que permitió a la bacteria receptora restablecer sus funciones vitales y replicarse formando colonias. Eso sí, siguiendo las instrucciones del material genético insertado sin dejar rastros de las proteínas de la célula original. Que este material genético funcione efectivamente es uno de los mayores logros del equipo de Craig Venter. El refinamiento de las técnicas de secuenciación permitió obtener la secuencia exacta y completa del ADN bacteriano. Mientras otros grupos de investigación basan sus técnicas en la introducción de múltiples inserciones, sustituciones o eliminaciones en el ADN, los muchachos de Venter apuestan a la síntesis química completa del ADN a partir de instrucciones contenidas en un archivo digital. Cualquier error en su síntesis química, por mínimo que fuera, lo dejaría fuera de carrera y el experimento fracasaría. En el paper publicado en Science se señala que un error de una base en el millón que constituye el ADN de esta “simple” bacteria demoró en varias semanas la conclusión del experimento. La cuestión es que cuando secuenciaron el ADN de las nuevas colonias confirmaron que la bacteria tenía el genoma sintético y que estaba produciendo proteínas de la bacteria dadora.
DETRAS DE LAS NOTICIAS
A pesar de lo revolucionario que suena –científicamente hablando, claro– hablar de vida artificial o de bacteria sintética, en este caso resulta a todas luces excesivo. Invita a pensar en un científico que de una mixtura de compuestos químicos simples acaba sacando de la galera –o más bien de un tubo de ensayo– una célula totalmente nueva y desconocida. La imagen, apta para novelas o películas de ciencia ficción, se aleja totalmente de la realidad. Es cierto que el grupo de Craig Venter ha avanzado paso a paso hasta que consiguió poner a punto una técnica novedosa para la producción de un genoma sintético y el almacenamiento de esa información en un soporte digital. Y que ha logrado tranplantar un genoma propio de una especie de bacteria a otra, en un procedimiento que demandó intervenir sobre los mecanismos bioquímicos de la célula receptora. Pero de ninguna manera se puede afirmar que se creó una célula nueva.
Presentar el asunto como la creación de vida artificial desató especulaciones, no sólo en el plano científico, sino también en lo religioso. Y en un punto, la opinión del Vaticano coincide con la de los científicos: no se ha creado vida, sólo se la ha modificado por medio de un trabajo de ingeniería genética de alto vuelo.
Es que las noticias sobre la vida artificial difundidas por los medios contrastaron con la rigurosidad y mesura del artículo científico. Los anuncios rimbombantes de Craig Venter no deberían sorprender a nadie, ya que son una fabulosa herramienta para mostrarse a la vanguardia en la carrera por conseguir la deseada capacidad de generar la vida sintética. Su bacteria artificial, aún no creada, ya tiene un nombre registrado que no deja dudas respecto de su futuro origen: Mycoplasma laboratorium. Por otra parte, muchos creen que para que el Mycoplasma laboratorium sea una realidad sólo hace falta tiempo. El grupo de investigación cuenta con los necesarios recursos humanos y económicos y no tiene problemas de financiamiento ni debe peregrinar para obtener dinero de las agencias estatales. La firma Syntethic Genomics se encarga del asunto, y en conjunto con empresas petroleras estadounidenses, reunió unos 40 millones de dólares para el proyecto, esperando obtener dividendos de las futuras aplicaciones comerciales.
Otros grupos de investigadores, probablemente con menos recursos materiales, sostienen concepciones y estrategias diferentes para crear la tan ansiada vida artificial. Trabajan en la creación de una protocélula: un conjunto básico de sustancias químicas y material genético envuelto en una pared de fosfolípidos que le sirva de aislante del medio externo. La definición de la vida artificial es de por sí problemática y engloba cuestiones tales como la inteligencia artificial, la utilización de software de simulación para predecir el comportamiento de sistemas biológicos o la síntesis de células vivas desde cero.
CELULAS DE DISEÑO
No está en juego sólo el prestigio científico. Se espera que en el futuro se puedan obtener células de diseño capaces de producir medicamentos, vacunas o biocombustibles, potabilizar agua o biodegradar sustancias contaminantes. Y sería en ese momento cuando Venter podría jugar al juego que mejor juega y que más le gusta: patentar las aplicaciones comerciales que deriven de sus hallazgos. Las células de diseño podrían integrar líneas de producción a escala industrial, para obtener en cantidad sustancias que actualmente requieren complejos procesos de aislamiento. Hoy por hoy ya existen estas verdaderas fábricas celulares, pero no están montadas con microorganismos de diseño sino con bacterias genéticamente modificadas, como en el caso de la producción de insulina.
Pero no sólo se trata de fábricas: las bacterias de diseño podrían constituir un microscópico ejército ambiental que actúe limpiando un derrame de petróleo o tomando dióxido de carbono de la atmósfera para convertirlo en biocombustibles, áreas en las que Synthetic Genomics, al estar en parte financiada por firmas petroleras, juega un partido aparte. Debe posicionarse como pionera frente a otros investigadores que trabajan en esos temas, y para eso cuenta con un experto en pegar el primer golpe: Craig Venter. Otro motivo por el que un hallazgo que es comunicado con precisión y austeridad en una revista científica puede ser manipulado hasta convertirse en un anuncio espectacular y resonante que invada los medios de comunicación. Los negocios tienen razones que la ciencia parece no entender.
Las centrales hidroeléctricas constituyen nuestra mayor fuente de energía renovable en la actualidad. Estas pueden considerarse indirectamente centrales solares, dado que gracias a la energía del sol, el agua se evapora de los océanos y fluye por los ríos haciendo girar las gigantescas turbinas. Lamentablemente, la construcción del infraestructura provoca en ocasiones un impacto negativo sobre los ecosistemas que los rodean.
Afortunadamente existen varios emprendimientos que intentan aprovechar la corriente de ríos y mareas de manera sustancialmente menos invasiva para el ecosistema mediante dispositivos que se colocan en los lechos de ríos u océanos para aprovechar el movimiento del agua. Nos concentraremos en tres sistemas: el Free Flow Kinetic Hydropower, el Seagen y la UTG.
Verdant Power , una empresa de origen norteamericana y canadiense diseña y comercializa unas turbinas similares a los molinos de viento modernos con la diferencia que estas se colocan debajo del agua en el lecho de ríos u oceanos. El equipo es invisible desde la superficie, no hace ruido, y se coloca en lugares que no interfieren con la navegación. Su diseño permite orientarlas de manera precisa a la dirección de la corriente, al igual que un molino de viento tradicional.
El sistema de Verdant Power, llamado Free Flow Kinetic Hydropower System, utiliza turbinas horizontales de tres palas. Ya se han instalado 6 turbinas de cuarta generación en la ciudad de Nueva York donde aprovechan la corriente del East River. Esta matriz, tras 9000 horas de funcionamiento, proporcionó a la red 70MWh de energía. Según Verdant Power, el mantenimiento requerido por este sistema es mínimo, aunque cabe destacar que por su ubicación subacuática, parecería ser delicado y costoso.
Marine Current Turbines utiliza un enfoque distinto. Su unidad llamada Seagen también se ubica sobre el lecho de un río o mar, aunque su torre sobresale de la superficie del agua. En el año 2008, se instaló una unidad que genera 1,2MW de energía limpia en Strangford Lough, en el Reino Unido. Hasta el presente, ha generado 3800 MWh por año, representando un ahorro de emisiones de 1695 toneladas de CO2 dada la matriz energética del Reino Unido. Los dos rotores tienen un diámetro de 16m y una velocidad nominal de 14,3 rpm. La velocidad media de la corriente en el lugar es de 3,7 m/s y la máxima de 4,8 m/s.
Esquema de la turbina de Verdant Power Foto: Gentileza Verdant Power
A su vez, Ocean Renewable Power Company (ORPC) construyó un sistema basado en un diseño helicoidal que permite aprovechar las mareas o la corriente de un río siempre y cuando estas excedan una velocidad de 1,8 nudos (3,3 km/h). Cada sección de la turbina está compuesta por cuatro cuchillas helicoidales fabricadas en materiales especiales, resistentes a la corrosión provovada por el agua salada. El sistema está diseñado para funcionar con corrientes de ambos lados, cualidad importante para lograr el aprovechamiento de mareas oceánicas. Otra gran ventaja es que estas se acuestan sobre el lecho y su mínima altura logra con una interferencia cuasi despreciable para la navegación. Al no tener engranajes, no requiere lubricación y no generan ningún tipo de contaminación al agua.
Estos tres sistemas funcionan con los mismos principios que una turbina de viento: las aspas giran y alimentan un generador. Una gran ventaja de instalar estas turbinas debajo del agua es que esta ultima es 800 veces más densa que el aire permitiendo conseguir altas potencias con corrientes de baja velocidad. La electricidad que generan proviene de una fuente renovable y limpia, instalandolse en grupos o matrices de manera a crear sistemas escalables de generación a medida que los requerimientos energéticos crecen.
Turbinas de Verdant Power transportadas para su instalación en Nueva York Foto: Gentileza Verdant Power
Las tres empresas se jactan que estos sistemas no interfieren con la vida marina dado en parte por las bajas velocidades de rotación. Sin duda éstos parecen ser menos invasivos para los ecosistemas que las gigantescas represas existentes y pueden llegar a ser una solución ideal para alimentar de electricidad a pueblos a orillas de ríos, o en zonas con fuertes mareas.
Sin embargo, cabe destacar que la cantidad de unidades requeridas para alimentar ciudades enteras abarcaría una superficie extremadamente amplia. Si bien su mantenimiento no parece muy simple, las pocas obras de ingeniería necesarias para su instalación son muy alentadoras. Nuestro territorio parece a primera vista ideal para este tipo de tecnología dada la gran cantidad de ríos y agua que nos rodean. Me es cada vez más dificil entender porque preferimos construir una central que queme carbón como la que está planeada en Río Turbio.
Científicos estadounidenses anunciaron ayer un paso relevante en las investigaciones en busca de crear vida artificial. Han producido una célula viviente, con base en ADN creado por el hombre.
Crearon vida artificial en base al control del genoma de una célula
Científicos estadounidenses anunciaron ayer un paso relevante en las investigaciones en busca de crear vida artificial. Han producido una célula viviente, con base en ADN creado por el hombre.
Aunque semejante trabajo podría evocar imágenes de manipulación científica similar a la de Frankenstein, también está generando esperanzas de que pueda usarse algún día para producir nuevos combustibles, idear mejores formas de limpiar las aguas contaminadas y ofrecer vacunas más rápidamente.
Y, ¿realmente es una forma de vida artificial?
Los inventores la llaman la primera célula sintética del mundo, aunque este paso inicial es más una recreación de vida ya existente: convertir un tipo sencillo de bacteria en otra. No se trata por lo tanto de una vida desarrollada en su totalidad a partir de cero.
Pero Craig Venter, pionero del mapa del genoma, dijo que el proyecto de su equipo prepara el terreno para la meta principal a largo plazo, mucho más difícil de alcanzar: diseñar organismos que funcionen en forma diferente a la que pretendía la naturaleza, para utilizarlos en una amplia gama de usos. Venter ya está trabajando con la petrolera ExxonMobil con la esperanza de transformar algas en combustible.
“Esta es la primera especie capaz de reproducirse por sí sola que hemos tenido en el planeta, cuyo padre es una computadora”, dijo Venter.
Y el informe, que será publicado hoy en la revista Science, está generando emoción en este campo de la biología sintética, cuyo desarrollo está creciendo.
“Lo hemos esperado mucho tiempo, y valió la pena”, dijo el doctor George Church, profesor de genética de la Facultad de Medicina de Harvard. “Es un hito que tiene aplicaciones prácticas potenciales”.
Durante años, los científicos han trasladado genes individuales e incluso trozos grandes de ácido desoxirribonucleico (ADN) de una especie a otra.
Pero el equipo del Instituto Craig Venter buscó ir más allá. Hace unos años, los investigadores trasplantaron todo el genoma natural −el código genético− de una bacteria a otra y observaron cómo se transformaba esta última, convirtiendo así a un germen que afecta a las cabras en otro que afecta al ganado. Luego, los investigadores construyeron totalmente el genoma de otra bacteria más pequeña, utilizando fragmentos de ADN fabricados en el laboratorio, de acuerdo con un formato estándar.
El informe de hoy combina esos dos logros para poner a prueba una gran pregunta: ¿podría el ADN sintético realmente asumir el control y ser la fuerza impulsora de una célula viviente? De alguna forma, lo hizo.
Le cambia el software. “Esto está transformando totalmente la vida de una especie para convertirla en otra al cambiarle el software”, dijo Venter, utilizando una analogía con las computadoras para explicar el papel que desempeña el ADN.
Otros miembros de su equipo investigador dijeron posteriormente que sólo dieron “pasos de bebé” hacia la meta de comenzar con un organismo de archivo digital y hecho a la medida.
Venter dijo que le gustaría intentar crear bacterias para producir combustible, para diseñar un alga que pueda aspirar el dióxido de carbono de la atmósfera y para usarlo en la fabricación de mejores vacunas. “Esto se convierte en una herramienta muy poderosa para intentar diseñar lo que queremos que haga la biología”, explicó Craig Venter. (AP y Reuters)
Armas biológicas
Los científicos esperan usar esta versión sintetizada de una bacteria para crear microorganismos a la medida. Pero algunos grupos están preocupados porque la tecnología pueda ser usada para fabricar armas biológicas, y el presidente estadounidense, Barack Obama, pidió a sus asesores bioéticos un reporte sobre las posibles consecuencias. La Comisión de Energía y Comercio de la Cámara baja de EEUU agendó una audiencia la próxima semana para discutir sus implicaciones.
En la misma línea en la que a tantos argentinos nos parece que abogar por el respeto de las instituciones es cosa de afrancesados, el ser buena persona es una caracterización que resulta poco seductora. ¿Quién quiere ser una buena persona? Sobre todo cuando joven, uno quiere muchas otras cosas antes que esa: prefiere ser exitoso, fuerte, inteligente, poderoso, famoso, tener talento y/o belleza, pero, ¿hay cosa menos atractiva que ser bueno?
La versión clásica de la buena persona es responsable de algunas de estas asociaciones negativas. Para la moral convencional, el bueno es el que renuncia a sí y se entrega. El que hace acciones desinteresadas, el que no se toma en cuenta. Por suerte, en nuestra época psicológicamente más esclarecida, entendemos mejor la vida y el movimiento de las personalidades, y sabemos que el desinterés de una persona por sí misma es una patología y no un valor moral. La buena persona es la que tiene entre sus intereses algo que la liga a otros de una manera profunda y directa, es decir, no quien renuncia a sí, sino la que encuentra en su interés (en su satisfacción y su contento) incluida la plenitud del otro. La quiere, la necesita, le gusta.
Por eso, una mirada más atenta reconoce en el ser bueno más que una prueba de debilidad un perfil básico y superior. Es el piso de toda vida íntima feliz (¿acaso hay mayor felicidad que el encuentro con otros?) y a la vez el sustento de la sociedad lograda. Ser buena persona es la demostración de la mayor fuerza: uno está bien en sí mismo y proyecta su fuerza en el deseo de ver crecer a los demás.
¿Qué es ser buena persona? Desear el desarrollo. Por mero amor de lo que es, por cuidado y aceptación, por regocijo existencial. No es que el bueno quiera que las cosas crezcan, porque sí. El bueno siente amor, tiene habilitada en su sensibilidad la experiencia del amor, dirige ese amor hacia las cosas y las personas, y encuentra siempre procesos de crecimiento. Las personas no somos entidades definidas y estáticas, somos siempre procesos de crecimiento. Querer a alguien no es apretarlo fuerte, es favorecer su despliegue. Tampoco los proyectos son situaciones estables, logradas y permanentes: son procesos de movimiento, de cambio, y el cambio es siempre crecimiento. Sí, aun cuando en la línea del proceso esté nuestra muerte. En ese caso no será nuestro el crecimiento, pero la muerte implica siempre el crecimiento de otros. (No está mal pensar que las muertes bien queridas promueven crecimientos: dejan el lugar, establecen nuevas libertades, zanjan cuestiones y permiten seguir el viaje).
Tenemos que ajustar la mirada. Tenemos que dejar de pensar que el bueno es un imbécil que se deja pasar. El bueno es un poderoso que se da los mayores placeres de la existencia: el amor, el sexo que le va asociado (hay que aclararlo, para que no parezca que el bueno es célibe, según una tradición anticuada), el entusiasmo de estar en el mundo y recibir su luz, alguien que disfruta siendo y ayudando a ser, alguien enamorado de la evolución propia y ajena . El bueno es excitante porque su amor alienta el desarrollo y el desarrollo despierta y excita.
Y no se trata de un ideal, es una realidad posible. Pensar que ser bueno es un ideal es dejarlo para otro momento. Hacer de la bondad un ideal equivale a situarse en una filosofía escéptica, aquella que cree que el mundo es pérfido y la realidad exige una crudeza inflexible. La bondad es algo para nosotros, no para los santos. Ni siquiera habría que decir bondad. Es mejor sacar al tema del plano abstracto del bien y del mal, y llevarlo al más concreto y perceptible, el de las buenas o malas personas, hacerlo carne y modos de ser.
Y tampoco se trata de un deber, así no funciona. No se educa para el bien diciéndole a los chicos mil veces que deben ser buenos. De esa forma se los aburre y se pone en escena una impostura moral. Se plantea al ser buena persona como un recorte, cuando ella surge más bien de lo contrario, de la afirmación vital y la expansión propia. Para formar buenos hay que estimular la libertad, la confianza en el querer propio, el enganche de la aventura personal con las posibilidades de la existencia. Ser buena persona no es vivir decepcionado frente a un mundo cruel, es disfrutar de la existencia y contagiar ese disfrute cierto como una orientación permanente.
Libertad. La bondad falta cuando la libertad escasea: en las familias o instituciones cerradas se generan los monstruos, o en mundos humanos deshabitados, abandonados o carentes de calidez. Para generar buenas personas hace falta libertad e intimidad, no recriminaciones morales ni abstinencia alguna. Intimidad quiere decir que la persona en cuestión haya tenido cercanía extrema con alguien, que haya sido querido y tenga por eso habilitada la experiencia del mundo. La sensibilidad despierta con el amor, y el amor no es algo triste, es alegría y encuentro.
Además, el bueno no es bueno todo el tiempo, no vive en un mundo simple, no es modelo de conducta sino constante superación de contratiempos. Nuestra caracterización del bueno como simplón también está ligada con morales pobres y pobristas, que en vez de tener en cuenta las complejidades de la vida real piensa usando estampitas.
Y también es cierto que nadie es bueno o malo del todo, que todos somos, como le enseñamos a nuestros hijos, un poquito buenos y un poquito malos, que eso es ser una persona normal, integrada, ambivalente. Aun así, no es maniqueísmo captar el predominio, en las personalidades a las que describimos como buenas personas, del factor amoroso por sobre el desencantado. No es maniqueísmo creer que los buenos existen, y que hay otros que distan de serlo. Sí, claro que podríamos poner en duda la categoría de buena persona y relativizarlo todo, pero también podemos, más inteligentemente, hacer un acuerdo básico y sencillo, operativo, que nos permita (y ese es el objetivo de pensar estas cuestiones) ser más eficaces en la promoción de las buenas personas.
Que el que lo sea se sienta meritorio y no tarado. Que el que quiera identificar a las buenas personas tenga un ojo entrenado, trucos para lograrlo, entendiendo mejor de qué se trata. Que quien esté armando un equipo de trabajo reconozca este factor básico. Que quien vote este atento a este registro humano fundamental y ayude a que el país mejore.
El autor es escritor y filósofo. Autor del blog 100Volando.net
Esta es la foto que aparece en el perfil de la organización ambientalista contra el establecimiento de una usina a base de carbón en la provincia de Santa Cruz. (Foto: Greenpeace)
Esta es la foto que aparece en el perfil de la organización ambientalista contra el establecimiento de una usina a base de carbón en la provincia de Santa Cruz. (Foto: Greenpeace)
La misiva “Carbón o Glaciares” de la organización por el medio ambiente Greenpeace contra la Central Térmica de Río Turbio, Santa Cruz, que el gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner impulsa para generar energía a base de carbón logró gran adhesión en la red social Facebook con más de 136 mil seguidores a favor del desarrollo de una alternativa limpia. La plataforma cibernética es la nueva herramienta empleada por los ambientalistas para contrarrestar el avance de la usina termoeléctrica anunciada por el ex presidente Néstor Kirchner allá por 2004. Según los demandantes, la planta liberará a la atmósfera 4.975,2 toneladas de CO2 diarios -elemento gaseoso determinante en la descomposición del ozono y principal causante del calentamiento global- y provocará el derretimiento de los bloques de hielo que recubren el sur nacional, los principales reservorios de agua dulce argentinos. “Defendé a los Glaciares. Decile No al carbón” que encabeza el perfil de Facebook se complementa con los más de 93 mil correos electrónicos enviados a la Presidente para que abandone el uso del combustible fósil como fuente de energía e impulse la energía eólica en Argentina. “La usina de Río Turbio es el primer paso de un plan para comenzar a utilizar a gran escala el carbón como fuente de energía. Una total irracionalidad ambiental y económica que debemos evitar, ya que Argentina tiene muchas y mejores opciones para desarrollar en materia energética”, explicó Juan Carlos Villalonga, Director de Campañas de Greenpeace. Sin embargo, esa mirada contrasta con la de la primera mandataria quien en marzo pasado, cuando se abrieron los sobres de la licitación para la obra de interconectado Pico Truncado-Río Turbio, manifestó que “nadie ama y defiende a los glaciares más que esta presidente”, a la vez que se dirigió a los reticentes al proyecto para “dejarlos tranquilos de que el medioambiente de Santa Cruz se va a cuidar”. Esas palabras no mitigaron la fuerza de la organización que en el correo dirigido a Cristina le recuerdan sus obligaciones. “En relación a la cuestión climática, con frecuencia se repiten expresiones tales como que Argentina `no tiene compromisos´. Esa expresión es falsa, una gran equivocación. (…) Argentina, al ser parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (1992) asume compromisos de reducción (Artículo 4). Luego, al ser también parte del Protocolo de Kyoto (1997) ese compromiso se repite en su artículo 10. Es decir, nuestro país, como parte de esos acuerdos, debe formular políticas de mitigación”, manifestó.
Las increíbles profesiones del futuro---Redacción- BBC Mundo Cirujanos de aumento de memoria, policías del clima, granjeros verticales, o pilotos, guías y arquitectos espaciales; ésas son algunas de las opciones en las que habrá que formarse si se quiere un trabajo dentro de 20 años Se calcula que en 20 años el planeta tendrá más de 8.300 millones de personas, habrá que lidiar a diario con el cambio climático, y la escasez de agua corriente y de comida será uno de los rompecabezas más difíciles de solucionar para la comunidad internacional. FastFuture consultó a más de 486 especialistas de entre 58 países distintos y procedentes de cinco continentes. Partiendo de un ejercicio de intercambio de ideas acerca de una serie de tendencias en temas económicos, políticos, sociales, demográficos, medioambientales y científicos, se elaboró una lista que se dividía básicamente entre "trabajos que no existen todavía" (por ejemplo, policía del clima) y trabajos que ya existen pero que serán mucho más predominantes (nanomédicos). Como muestra la selección de los 20 trabajos más importantes, ser experto en una sóla materia ya no tiene futuro. La combinación de cualificaciones y de habilidades en disciplinas diferentes es una de las tónicas. El Top 20 * Fabricantes de partes del cuerpo. La medicina regenerativa ya está dando sus primeros pasos. En el futuro necesitará personas que combinen cualificaciones médicas, de robótica y de ingeniería. * Nanomédicos. Permitirá una medicina mucho más personalizada, donde los fármacos se administran al lugar dónde se produce la enfermedad. Se necesitarán personas con formación en biomedicina, biotecnología, física o robótica que sean capaces de administrar los tratamientos en el pequeñísimo nivel subatómico de la "nanoescala". * Farmagranjeros. Conocimientos farmacéuticos que permitan modificar genéticamente las plantas, de forma que los cultivos puedan producir más cantidad de alimentos con mayores cantidades terapéuticas y proteínas. Las posibilidades del futuro incluyen tomates que sirven como vacunas o leches terapéuticas. * Especialistas médicos en la tercera edad. Quienes sepan cómo tratar a la tercera edad y prolongar su vida activa durante más tiempo tienen el futuro asegurado. No sólo en cuestiones médicas, sino también en temas como la salud mental, psicología o ejercicio físico natural. * Cirujanos para el aumento de la memoria. Parece ser que en el futuro se podrá implantar un chip que haga las veces de disco duro del ordenador humano y almacenar allí todas las memorias que el ser humano no es capaz de retener. Serán necesarios cirujanos que sepan llevar a cabo la operación. * Experto en ética científica. A medida que la tecnología y la ciencia se integran más en el día a día a través de la nanotecnología, la protoneomica (estudio de todas las proteínas del cuerpo humano) o la genómica, muchos más debates sobre el posible uso maléfico de las tecnologías coparán los debates sociales. Serán necesarias personas que conozcan todas las ciencias. El futuro no planteará tanto la cuestión de "¿Se puede hacer?" como la de "¿Está bien que se haga?". * Arquitectos, pilotos o guías turísticos... espaciales. Se necesitarán pilotos capaces de dirigir las naves espaciales y diseñadores que permitan ajustar el espacio fuera del planeta Tierra. * Granjeros verticales. El futuro de la producción agrícola es vertical. Cada vez se escucha más la idea de una ciudad contenida en un solo edificio, probablemente un rascacielos de pisos ilimitados, donde la comida se cultiva en las distintas plantas de un edificio. Es más económico y más ecológico. * Especialista en reversión de cambio climático. Habrá cada vez más demanda de profesionales que sean capaces de revertir los efectos más devastadores del fenómeno: personas con capacidad de aplicar soluciones multidisciplinares, como construir paraguas gigantes para desviar los rayos del sol. * Vigilantes de cuarentenas. Las amenazas incumplidas que trajo consigo la gripe porcina dan cuenta de la importancia de tener más profesionales capacitados para luchar contra las epidemias. Si un virus se esparce de forma fulminante habrá pocos países, enfermeras y personas preparadas. * Policía del clima. Con cada vez más países tratando de "provocar" ciertos fenómenos meteorológicos, serán necesarias figuras que salvaguarden internacionalmente la cantidad de cohetes con yoduro de plata que se envían a la atmósfera. * Abogados y profesores virtuales. Se espera que crezcan los conflictos sobre derechos de propiedad y descargas de internet, y la educación a distancia a través de la red. * Ingeniero de vehículos alternativos. Coches eléctricos o de hidrógeno, pero quizá la posibilidad de los coches que vuelan o que van por debajo del agua también requieran de cualidades técnicas y profesionales formados en distintos ámbitos de la ingeniería. * Periodistas de audiencias segmentadas. Se acabaron las audiencias globales y los programas dirigidos a millones de personas. El futuro está en la especialización y los periodistas se dirigirán a audiencias pequeñas. * Desechador de datos personales. Personas especializadas se dedicarán a destruir los datos e información altamente sensibles que se deben desechar de forma segura para que no sean objeto de ciberataques. * Organizadores de vidas electrónicas. La cantidad de información será tan desbordante que serán necesarios especialistas en organizar la vida electrónica: leer y archivar el correo electrónico, asegurar que la maraña ingente de datos estén ordenados de forma coherente, manejar tarjetas de crédito y e identificación electrónica. * Inversor/agente de tiempo. El tiempo más que nunca será un valor en alza. Será necesario alguien que sepa administrarlo de forma efectiva y sacarle beneficio. Ya existen bancos de tiempo, de ahí a que existan inversores o brokers que lo comercien, sólo hay un paso. * Agentes de redes sociales. Para que nadie se sienta excluido de las redes sociales se formarán personas dentro del ámbito de trabajo social, cuya función será facilitar la integración de los individuos en las redes. * Gestores personales de marca. Ya vivimos en una sociedad obsesionada con las marcas. La del futuro enfatiza su necesidad creando una figura que se dedica a gestionarlas. ¿Qué personalidad proyectas en Facebook, Twitter y tu blog? ¿Qué valores personales quieres añadir a tu imagen? ¿Son consistentes con tu verdadero yo?
Un joven agricultor fue detenido por la policía cuando intentó evitar una fumigación con glifosato en la ribera del río Coronda, según confió a La Capital. “Defendemos la tierra y desde hace tiempo intentamos frenar las fumigaciones con glifosato. Por eso fui detenido la semana pasada, cuando la policía hizo un cordón para que un productor vecino terminara de fumigar un campo”, dijo Jeremías Chauque en diálogo telefónico con este diario. “La policía termina siendo seguridad privada de los empresarios”, resaltó el quintero y guitarrista, hijo del cantante y músico Rubén Patagonia. “Queríamos evitar la acción de envenenamiento a 10 metros de mi casa”, en Desvío Arijón, un pueblo de unas 2.500 personas ubicado sobre el río Coronda, 40 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Fe. “Lo importante es que con los vecinos evitamos la fumigación e hicimos una denuncia. Es un problema habitual en la zona, nadie nos defiende y estamos todos muy expuestos, a 150 metros de los cultivos de soja que son fumigados”, indicó Chauque a La Capital.
Historia repetida. “Ya el año pasado vivimos lo mismo y fuimos reprimidos tras cortar el paso de los «mosquitos» (máquina terrestre fumigadora) que vienen a campos cercanos. Nos organizamos con la gente del lugar. Ya en el pueblo cualquiera sabe de alguien que padece problemas de salud ligados al glifosato; eso está probado por estudios científicos”, remarcó. Hay mujeres que han tenido partos prematuros, y se registraron casos de nenas de 6 y 7 años que han menstruado”. “No nos queda otra alternativa que actuar. Las autoridades provinciales no se hacen responsables, es un tema político el tomar la decisión de frenar esas fumigaciones. Pero hay muchos empresarios que presionan y que no son del pueblo”, dijo el músico. Chauque dejó la patagónica Chubut hace 11 años en la búsqueda de un lugar donde trabajar la tierra y criar a sus hijos “con un compromiso —afirmó— con el ambiente. Cuando llegué acá había huertas y frutillares. Pero ahora la soja entró al pueblo. Cuando fumigan lo hacen sobre la escuela, el centro de salud y sobre todas las casas”. Explica que los empresarios “ni tienen un boleto que diga que hacen, no hay control. Pero sí nos vigilan a nosotros y tengo una causa penal por «invasión de la propiedad privada». Defiendo el derecho a vivir en el campo, con mis hijitos Neyen y Liwen”, de 5 y 2 años, respectivamente.
Cosmovisión. “Nuestra cosmovisión está ligada a la tierra, y los chicos deben pensarse desde la tierra. Tenemos huertas, animales y el derecho a defender nuestro modo de vida, pero resulta que el peligroso soy yo. Pero no voy a dejar que mis hijos se enfermen”, remarcó. “Muchos pobladores y organizaciones se mueven en el país. En Santa Fe hacemos correr un petitorio para que se modifique la ley actual de fitosanitarios sobre agrotóxicos”. “Como músico —expresó Chauque —, planteamos que al hablar del Bicentenario se debe ver qué país se construyó en 200 años. Nuestros abuelos nos enseñaron a respetar a la tierra; los mapuches vivieron y vivimos en equilibrio absoluto con la tierra. Pero ahora están desapareciendo los bosques naturales, cada minuto se tala un terreno equivalente a once canchas de fútbol. Cuando me fui a frenar la fumigación, mi hijo de cinco años abrió la otra puerta y me dijo que quería acompañarnos, ellos están aprendiendo a defender nuestra forma de vida”.
marzo 14, 2010
Heroína da Bayer : Um frasco de heroína da Bayer. Entre 1890 a 1910 la heroína era divulgada como un substituto "sano" de la morfina y como remédio contra la tos para los niños. Vino de coca :
El vino de coca de Metcalf era uno mas de una gran cantidad de vinos disponibles en el mercado, que contenian coca . Todos afirmaban que tenian efectos medicinales, aunque tambien eran consumidos por su valor "recreador" .
Vino Mariani :
El Vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo. El Papa Leon XIII cargaba un frasco de Vino Mariani consigo y premio a su creador, Angelo Mariani, com una medalla de oro. Maltine :
Ese vino de coca fue hecho por la Maltine Manufacturing Company de Nova York. El dosage indicado dice: "Una tasa llena junto con, o inmediatamente despues, de las refecciones. Niños en proporcion." Pisapapel: Un pisapapel promocional de la C.F. Boehringer & Soehne (Mannheim, Alemanha), "los mayores fabricantes del mundo de quinina y cocaína". Este fabricante tenia orgullo de su posicion de líder en el mercado de cocaína. Glico-Heroína:
Propaganda de heroína de la Martin H. Smith Company, de Nova York. La heroína era ampliamente usada no solo como analgésico, sino tambiem como remédio contra el asma, tos y pneumonia. Mezclar heroína con glicerina (ademas de azúcar y condimentos temperos) tornaba al opiáceo amargo mas agradable para la ingestion oral. Ópio para asma:
Ese National Vaporizer Vapor-OL era indicado "Para el asma y otras afecciones espasmódicas". El líquido volátil era colocado en una olla y calentado por una lampara de querosene. Tableta de cocaína (1900)
Estas tabletas de cocaína eran "indispensábles para cantores, profesores y oradores". Ellos tambiém calmaban el dolor de garganta y dabam un efecto "animador" para que estos profesionales alcansacen el máximo de su performance.
"Drops de Cocaína para Dolor de Diente - Cura instantanea":
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Ya no somos exploradores de un río sino expedicionarios en busca de un barco. El buque Paraguay, que deberíamos haber abordado en San Pedro para continuar nuestra travesía por el Paraná, está ahí, a unos trescientos metros, amarrado en el puerto de Rosario. Y nosotros, del otro lado de la reja que nos separa de la explanada, como prisioneros sueltos, esperando que nos dejen zarpar. Sabemos que una de las dueñas del crucero se llama Yeny, sabemos que Yeny dijo que el barco había sido demorado en Formosa por unos problemitas burocráticos, ahora también sabemos que fue demorado acá por unos problemitas técnicos, pero que ya, ya están por solucionarse. Quizás tarden sólo un par de días. El crucero Paraguay dejó la categoría de medio de transporte para pasar a la de objeto de deseo: le sacamos fotos, acercamos la cara al enrejado para verlo mejor, adivinamos la pileta sobre cubierta, comentamos cuán pintoresca es su estructura de madera con ventanitas que le dan aspecto de vecindario, y señalamos esa rueda gigante de adorno que lo hace tan Mississippi. Pienso en Herzog, en la tapa de su libro La conquista de lo inútil, en la foto del barco que el cineasta alemán remontó para emular la aventura de Fitzcarraldo, un irlandés delirante que para construir una ópera en el medio de la selva peruana trasladó un vapor a rueda a través de una colina. Y Herzog, que tiene la locura y el ego suficientes para imitar ese tipo de empresas, hizo un film. Pero también un diario de viaje en el que pareciera decirnos: “Muchachos, si quieren ser artistas, mojen las patitas en el lodo”. Casualmente, cuatro miembros de la expedición cargan La conquista de lo inútil en sus mochilas y Mariano Llinás ya no sabe si asombrarse o padecerlo cuando se lo nombran: “¡Es increíble, ya sos la tercera persona en este viaje que me recomienda leer ese libro!”, le dice a Ana, la directora del documental de Señal Santa Fe y canal Encuentro. Pueden ser Herzog o el diario de Darwin (que sale y entra de la mochila del periodista Julián Gorodischer como un misal): autores perfectos para mimetizarse con el espíritu de aventura. Pero también están los otros, los que se sentaban junto al río con su cuadernito, su pipa, sus tiempos fluviales, y dejaban que la cuenca del Paraná les hablara. Juanele, Madariaga, Barrett, Conti, Saer, y tantos otros autores que forman parte de la biblioteca que subirá a bordo (cuando Yeny nos deje subir). La cuenca artística del Paraná es tan productiva como variada: va desde las Odas de Lavardén hasta Armando Bo y sus lugareños sádicos en La tentación desnuda. ¿Por qué? ¿Qué tiene el río que todos quieren decir algo sobre él? Busco en mi cuaderno de apuntes, en el que figura “hablar con Mito” (el antropólogo recolector de sonidos) y encuentro un fragmento de un Alberdi exaltado que a orillas del Paraná escribió: “Yo no sé si este sentimiento es común, pero nunca he podido pararme en las orillas de un río sin sentirme poseído de no sé qué ternura vaga, mezclada de esperanzas, de recuerdos, de memorias confusas y dulces. Las playas de los ríos han sido siempre una musa, un germen de inspiraciones para mi alma”. Como no queremos perder el espíritu naturalista ni la idea de que tenemos que valernos de la experiencia directa, comprobar las cosas in situ, con Coco Bedoya decidimos ir a la costa, a esa franja de transición en busca del “espíritu inspirador del Paraná” del que habla el ideólogo constitucional. En la costanera es la hora del mate, cuando el sol ya no pega en la ciudad porque se mete directamente en el río. La melena plateada de Coco apenas se mueve. Todavía hace calor pero se lo nota distendido, cómodo, liberado por un rato de la valijita en la que carga un bastidor y herramientas para hacer sus serigrafías (y por la que sufre cuando la revolean sobre la cubierta de una lancha o la bodega de un micro). Coco es peruano, un poco argentino –vive en Buenos Aires desde hace más de veinte años–, y de naturaleza nómade: nació a orillas de un río en medio del Alto Amazonas peruano porque su padre era constructor de antenas de radio y cambiaban de destino cada dos años. De ahí que el agua, que entró en su vida de manera pura y salvaje, sea la gran protagonista de su obra en serigrafía, esa misma técnica que desarrolló con las mujeres de la cárcel de Ezeiza en el taller La Stampa y a quienes les hizo conocer a un pintor llamado Berni, nacido casualmente a orillas del Paraná.
¿Qué te inspira este río, Coco? “Para mí el río es el fluir, y eso tiene que ver con pensar la historia de la pintura, del arte, como un flujo constante”, reflexiona. Y convertido en la prueba de que el río motoriza la creatividad, empieza a poner en palabras todas esas ideas dispersas que se le amontonaron en la cabeza desde que lo invitaron a ser parte de la expedición Paraná Ra’angá: “Quiero hacer una gran figura que vaya desde Rosario hasta Asunción, eso: voy a poner los pies en esta ciudad y la cabeza en Asunción, y el río Paraná va a ser el cuerpo que los una. En estos días voy a pensar bien qué forma quiero darles… También quiero que armemos un mascarón de proa para el barco, ¿viste que no lo tiene? Podríamos inventarle uno todos... y me gustaría completar un trabajo que vengo haciendo desde hace unos años”. En su valijita, me cuenta, carga láminas de oro para incorporarlas a su serie “El retorno de Juanito Laguna”, en la que la imagen de un hombre que saca un cuadro en blanco del fondo de un río se repite. “Quiero que esos cuadros en blanco se conviertan en láminas de oro porque el oro es lo que vinieron a buscar los exploradores y es lo único que no encontraron; hoy el oro vendría a ser la cultura”. Coco quiere seguir, animado por la corriente amarronada. Pero como compañero generoso de travesía, me cede el espacio para que yo compruebe si existe ese soplo inspirador o si Alberdi exageraba con exceso de romanticismo. Miro el río, las islas a unos metros, el cielo que se oscurece. Sí, hay algo que invade, que llena los pulmones, que me trae palabras que me sé de memoria: “Corría el río en mí con sus ramajes. Era yo un río en el anochecer, y suspiran en mí los árboles, y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. ¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”. Pero son versos de otro, son versos de Juanele. Quizás lo mío sea un naturalismo mediado: soy una recolectora de palabras, de lo que otros ven.
El sol está a punto de esconderse y Coco se queda mirando el horizonte recortado por las islas, algo abstraído: seguramente esté imaginando una nueva figura, unos pies con alas de pescado, una cabeza con el pelo revuelto. “Hay que pensar al río como una mancha de color, una mancha que pinta todo a su paso y que nadie puede borrar, aunque lo intenten”, dice y vuelve a fijar la vista en el agua. Y entonces vuelvo a Alberdi: quizás la contemplación desde la orilla a la que estamos obligados por ser expedicionarios sin barco sea el contrapunto necesario de la aventura creativa. De ser así, no la odio tanto a Yeny. Continuará